29 dic 2020

Los principales capítulos y medidas acordadas en el Brexit

El pacto del Brexit obligará a las empresas a adaptarse a una maraña de declaraciones fiscales, de normas aduaneras y de origen de los productos.

Los principales capítulos y medidas acordadas en el Brexit de Navidad se pueden resumir en los siguientes apéndices generales, a partir del texto íntegro del acuerdo.

 

Pesca. La disputa sobre el sector pesquero ha sido el punto final de la negociación: recorte del 25% del valor de las capturas de la flota pesquera en aguas británicas, con cinco años y medio de período de transición, con acuerdos anuales posteriores. Londres calcula un beneficio de 162 millones de euros al año. Aunque casi el 20% de su flota pertenece a filiales de firmas europeas. A cambio, Bruselas se reserva el derecho de adoptar represalias comerciales compensatorias, sujetas a un arbitraje.

 

Tarifas. Las tarifas y cuotas libres de acceso sitúan a Reino Unido en un eslabón similar a Japón o Canadá, con los que la UE mantiene dos de los tratados de libre comercio más flexibles de su mapa comercial en el exterior.

 

Comercio. El tratado establece el mutuo reconocimiento regulatorio sobre Competencia y leyes antitrust, lo que implica que ambos sectores privados deben atenerse a los estándares europeos y británicos.

 

Cualificaciones profesionales. No habrá más reconocimientos automáticos ni para doctores, ni para arquitectos, dentistas, farmacéuticos, veterinarios o ingenieros, que tendrán que solicitar y lograr homologaciones. Del lado británico, en cada Estado miembro donde pretendan ejercer.

 

Movilidad. Los británicos, como prestación a la exigencia de Londres a los ciudadanos europeos, tampoco tendrán mucha libertad de movimiento para trabajar, estudiar, iniciar un negocio o vivir en el mercado interior europeo.

Todo socio de la UE les reclamará visados para estancias superiores a los 90 días. Aunque habrá la suficiente coordinación sobre beneficios sociales como pensiones y servicios sanitarios para facilitar los desplazamientos ciudadanos sin perder ninguna garantía personal adquirida en sus sistemas nacionales de Seguridad Social.

 

Ayudas estatales. La pretensión europea de que Reino Unido asumiese sus normas sobre ayudas y subsidios ha caído en saco roto. La cerrazón británica a renunciar a las ventajas competitivas de esta política ha otorgado a Londres poder para definir su propio régimen regulatorio. De tal manera que sus entes supervisores pueden tomar decisiones sobre si una determinada ayuda distorsiona o no el libre mercado después de garantizarse su capacidad normativa.

Es, quizás, la mayor concesión europea. Sin embargo, Reino Unido tendrá que seguir principios claves del tratado europeo en esta materia. Ambas partes, según el acuerdo, podrán adoptar medidas de resolución acordadas si se revelan evidencias de que el cuerpo legal británico determina fallos o resoluciones contrarios a los criterios de Competencia establecidos en el acervo comunitario.

 

Estándares comunes. Ambas partes acordaron unos niveles mínimos normativos en el terreno medioambiental, social y laboral. Una revisión después de cuatro años de negociaciones, según Von der Leyen. En torno a la figura conocida como cláusula de evolución o como mecanismo de equivalencia. Herramienta que permitirá a la UE, de forma unilateral, aplicar tarifas sobre bienes británicos en caso de divergencia en los estándares acordados.

Cualquier alteración en las reglas del juego tendrá consecuencias. Pero el consenso en el rediseño de estas normas aventura un periodo de calma sancionadora. Son normas de mínimos. Un nuevo reequilibrio legislativo. Entre las medidas coercitivas se incluye la opción de subidas tarifarias, sujetas a la aprobación de un panel de arbitraje independiente.

 

Los principales capítulos y medidas acordadas en el Brexit

 

Reglas de origen. Determinan qué productos se consideran made in Britain. Londres persuadió a Bruselas de que los materiales y manufacturas procesadas europeas debían ser contabilizadas como inputs británicos cuando la mercancía final se exporte desde las islas al mercado interior. Solo se aplicará tarifa, según el acuerdo, si el valor del producto ya elaborado supera el 40% de su precio como material, como sucede en el tratado de la UE con Japón. Reino Unido no aseguró en el texto la llamada acumulación diagonal, que incluye partes de la elaboración de bienes que procedan de otros países que, como Japón o Turquía, tienen suscritos acuerdos comerciales con ambas partes.

 

Resolución de disputas. Uno de los puntos candentes de la negociación. Angela Merkel lo tildó del asunto más espinoso. Europa temía que Reino Unido, con el paso del tiempo y dependiendo del signo político de su gobierno, pudiera desviarse de los estándares europeos e incorporar una serie de ventajas competitivas para llegar a convertirse en el “Singapur del Támesis”, tal y como advirtieron voces autorizadas de las instituciones comunitarias.

Si una de las partes siente que se ha actuado contra el libre mercado puede tomar medidas después de la previa consulta. Un panel de arbitraje se reunirá en un periodo de 30 días para dictaminar un laudo vinculante en el que se establecerán los excesos o errores, sobre los que se aplicarán medidas compensatorias. En este punto es donde aparece la creación de un comité gubernamental UK-EU que velará por el adecuado cumplimiento del tratado.

 

Ciencia. Reino Unido seguirá participando en el Programa Horizon, dotado con 80.000 millones de euros, a través de desembolsos asignados específicamente, durante siete años. También en los proyectos Copérnico y Euratom.

 

Erasmus. Londres se retira del programa de intercambio universitario, a pesar de que Bruselas insistió hasta el último momento en añadir un protocolo similar al del campo de la Ciencia.

 

Seguridad. El pacto establece acuerdos concretos sobre investigación policial transfronteriza. Si bien Reino Unido no formará parte a largo plazo del Sistema de Garantías de Arresto de la UE. Ni será miembro de Europol o Eurojust. Mantendrá cauces de “cooperación continua” y sólidas líneas de comunicación en materia policial y judicial.

También mantendrá un “mecanismo para el acceso” al Sistema de Información Schengen (SIS III), base de datos automatizada que sirve para compartir información policial sobre personas desaparecidas o bienes robados.

También se incluye un acuerdo de entendimiento para el uso conjunto del Registro de Pasajeros, que provee datos sobre el movimiento de personas a través de aviones y ferries, una herramienta esencial en la lucha contra el terrorismo y que da acceso a información sensible sobre matrículas de vehículos, terminales informáticos y móviles o ADN de presuntos sospechosos.

 

Viajes de negocio y trabajo. El staff de una empresa europea puede estar durante una estancia de tres años si son gestores o especialistas y superior a un año si su labor está enfocada a tareas de formación de empleados. Para desplazamientos de negocios se necesitará un permiso laboral de 90 días anuales.

Los viajes de negocio de ciudadanos británicos deberán obtener también un permiso limitado en el tiempo en sus desplazamientos a la UE, bajo la amenaza de multas, desde el momento de la salida de Reino Unido del mercado interior. El acuerdo, no obstante, estipula mecanismos para facilitar estancias cortas por motivos empresariales y permisos temporales a los empleados de alta cualificación.

 

Transporte. La aviación continuará esencialmente como hasta ahora tanto en la comercial como el cargo. Podrán despegar y aterrizar en aeropuertos de ambas partes. Los camiones, tampoco tendrán que usar permisos especiales. Una licencia a la industria logística, que temía el bloqueo de sus transportes rodados y aéreos con un Brexit duro.

El pacto mantiene a Reino Unido como miembro de la European Common Aviation Area. Sin embargo, las líneas aéreas obtienen solo un periodo temporal, lo que les obligará a reorganizarse urgentemente.

 

Para más información continúa leyendo nuestro blog.

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