28 dic 2020

El BCE y el Banco de España asumen la creación del euro digital

El euro digital está encima de la mesa del Consejo de Gobierno del BCE. Y el Banco de España lo respalda con la debida cautela. La banca española ha asumido el reto.

El Fondo Monetario Internacional (FMI), como el G7 o la OCDE, además de los bancos centrales, han instigado el debate sobre la necesidad de crear monedas digitales, con una visión favorable y cada vez más intensa. Quizás una de las voces que mejor ha trasladado la pregunta retórica de si es preciso lanzar esta alternativa al dinero físico en los sistemas de pagos internacionales haya sido la del gobernador del Banco de Austria, Ewald Nowotny.

“Nos preguntamos si los legisladores o los bancos centrales deberían intervenir, como sucedió en China, donde se han prohibido (las colocaciones o ICO de criptomonedas) porque las consideran fraudulentas”, señaló en una conferencia en Florencia. Pekín ordenó en septiembre que las bolsas de criptomonedas con sede en el país detuvieran sus operaciones, maniobra que está destinada a limitar los riesgos financieros que rodean al mercado altamente especulativo de estas modalidades de pago y que ha crecido rápidamente desde el verano.

Nowotny no se declaró tajantemente contrario a divisas como Bitcoin. “Su mercado no resulta tan grande como para que pueda crear demasiada inestabilidad financiera”. Eso sí -matizó-, los inversores deben entender el producto. “Es como comprar acciones en la Bolsa; los inversores de este producto pueden experimentar pérdidas y, si eso sucede, simplemente tienen que aceptarlo”.

Las palabras de Nowotny, justificando el debate, tuvieron traslación el pasado 2 de octubre con un informe exhaustivo del BCE en el que revela el acervo conceptual que comandará la hoja de ruta hacia un euro digital. Planes que tendrían una fecha, mediados de 2021, para decidir si se avanza en este sistema de pagos. El BCE, “como guardián del euro, provee la moneda de dos formas, a través de emisiones de billetes y mediante transferencias de depósitos electrónicos a bancos y otras instituciones financieras”, empieza explicando el documento del organismo supervisor.

Antes de valorar la digitalización como un fenómeno que “se ha expandido por cada rincón de nuestras vidas y que ha transformado nuestras formas de pago”. En esta nueva era, el euro digital “debería garantizar que los ciudadanos de la zona del euro mantengan su libertad de acceso a una fórmula simple, universalmente aceptada, segura y fiable con las que realizar sus transacciones”.

Sería -advierte el BCE- una forma electrónica de dinero del banco central accesible a todos los ciudadanos y firmas, como billetes, pero en versión digital, que no significa que reemplace al dinero físico sino más bien le sirva de complemento.

Un euro digital hará de los pagos diarios una operación más rápida, sencilla y segura y serviría para apoyar la digitalización de la economía europea y, especialmente, al sector del comercio minorista”, continúa el documento, que incide en que el BCE y los bancos centrales nacionales de la zona del euro “están explorando los beneficios y los riesgos” de la divisa digital. Explica que ya hay equipos de trabajo que operan en experimentaciones sobre su posible diseño, en discusiones con las partes interesadas y también con los socios internacionales.

“Necesitamos estar seguros de que nuestra moneda se adecúa al futuro. La inacción no es una opción”, apunta Fabio Panetta, miembro del Comité Ejecutivo del BCE, dando credibilidad a la posibilidad real de que exista en un inmediato futuro un euro digital. De hecho, el informe señala “a mediados de 2021” como el momento en el que se decidirá “si se lanza definitivamente el proyecto”.

El BCE y el Banco de España asumen la creación del euro digital

El BCE, además, se encarga de hacer una clara distinción entre divisa digital y criptomonedas. “Los activos encriptados son una forma fundamentalmente distinta del dinero procedente de un banco central; sus precios son volátiles porque renuncian a cualquier valor intrínseco y, además, no tienen el respaldo de ningún ente bancario”. Es más, puntualiza, en sentido contrario, que las personas que utilicen el euro digital “tendrán un nivel de confianza similar al dinero en cash, por el respaldo del BCE, algo que activos denominados stablecoins no pueden proveer”.

El Banco de España se ha unido al debate desde el inicio. En junio pasado, en un informe firmado por los economistas Juan Ayuso y Carlos Conesa, plantearon una visión general sobre el significado de una central bank digital currency (CBDC).

Los investigadores, miembros del Comité de Pagos e Infraestructuras de Mercado del BIS, resaltaron el valor de las criptomonedas y el plan de la stablecoin de Facebook, libra, de la que -dicen- se percibe como una amenaza para el buen funcionamiento de los sistemas de pago, la protección de los derechos de los consumidores y para la prevención de financiación del terrorismo y del lavado de dinero. En definitiva, para la estabilidad financiera y para la autonomía monetaria de los estados.

“El riesgo de las stablecoins no es, por sí sola, una razón suficiente para emitir CBDC”, aclaran. Hay más peligros latentes que requieren de iniciativas conjuntas de los grandes bancos centrales y el BIS en favor de las divisas digitales con sello de supervisión y regulación oficial.

Además de promover un circuito de intercambio separado que permitiría su uso en caso de que los sistemas privados fallen “por cualquier razón”. Y permitiría a los bancos centrales solucionar el bajo uso de dinero efectivo e identificar usuarios desbancarizados, con procesos básicos de know your customer (conoce a tu cliente o KYC), un conocimiento del cliente que, junto con su historial de transacciones, “podría facilitar después su bancarización”.

Aun así, apuntan tres preocupaciones que pululan sobre los bancos centrales en torno a la divisa digital. La primera es que la CBDC “podría desplazar los depósitos bancarios”; la segunda que la moneda digital “pueda facilitar la fuga masiva de depósitos de una entidad” en momentos de crisis, y la tercera, “pero no menos importante, tiene que ver con una fuga masiva de depósitos del sistema bancario, en caso de una desconfianza global en la arquitectura financiera”; es decir, una embestida sistémica como la del credit crunch de 2008.

Para lo cual, esbozan tres iniciativas: la CBDC cash-like (como complemento del efectivo en aquellos lugares en los que su uso esté en declive o para favorecer la inclusión financiera); la CBDC wholesale (para mejorar los sistemas de pago mayoristas), y la CBDC x-border (para mejorar los sistemas transfronterizos). Siendo el CBDC cash-like lo más aproximado al efectivo actual, aunque con un formato digital.

El pasado mes de julio, Iberpay, entidad gestora del sistema nacional de pagos, junto a Banco Sabadell, Santander, BBVA, Bankia y Caixa Bank, iniciaron con éxito el proyecto piloto tutelado por el Banco de España, de una plataforma interbancaria de Smart Payments que tiene por objeto facilitar la iniciación de transferencias inmediatas programables desde redes blockchain, mediante su conexión con el sistema nacional de pagos (SNCE), gestionado por Iberpay.

Esta iniciativa ha permitido “confirmar la viabilidad de aplicar la tecnología blockchain al ámbito de los pagos”, habilitando la programación inteligente de transferencias inmediatas desde smart contracts desplegados en redes blockchain y que permiten “la ejecución automática de pagos cuando se cumplan ciertas condiciones preestablecidas” como, por ejemplo, el pago automático de cierto importe a la firma de un contrato o la ejecución de pagos automáticos a la recepción o envío de mercancías.

Para obtener más información relacionada, continúa leyendo nuestro blog.

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