25 ago 2020

'Influencers' virtuales: una nueva herramienta de marketing a tener en cuenta

En los últimos años los influencers se han convertido en una herramienta que las empresas tratan de aprovechar para promocionar sus productos y servicios. Se trata de una tendencia lógica ante las dificultades que tiene destacar una marca en el vasto mundo de las redes sociales, con más de 1.000 millones de usuarios. De ahí que muchos consideren ya al influencer como uno de los cambios más reseñables de la gestión comercial y marketing durante la década pasada. ¿Exagerado? Para nada. A ello contribuye el hecho de que, en su afán por controlar los mensajes, algunas empresas ya han creado sus propios embajadores de marca con la ayuda de la inteligencia artificial. Es lo que se han llamado influencers virtuales o ficticios, que no son otra cosa que personajes digitales programados por las propias empresas con el único objetivo de evitar recurrir a los prescriptores de carne y hueso, que son más difíciles de fidelizar.

Lil Miquela, el origen

La empresa californiana Brud fue la que dio origen al fenómeno de los influencers virtuales con el lanzamiento en 2016 de Lil Miquela, que ya cuenta con más de 2,5 millones de seguidores en Instagram. Para conseguirlo, sus creadores la diseñaron a imagen y semejanza de cualquier influencer de carne y hueso. De ahí que Lil opine sobre aspectos de actualidad, haga entrevistas y pose con prendas de Channel o Prada. Es más, en 2017 lanzó una canción que se viralizó en Spotify. Resulta evidente que este personaje creado a través de inteligencia artificial es el mejor ejemplo de lo que esta nueva tendencia de marketing puede ofrecer a las empresas, incluso a los nuevos negocios. Y es que conviene destacar que al contrario de lo que se pueda pensar, seguir los consejos de un robot es aceptado entre buena parte de la población. Tanto es así que muy pocos criticaron a sus creadores cuando tras meses de especulaciones, desvelaron que Lil Miquela no era una adolescente de 19 años de carne y hueso con una historia dramática a sus espaldas, sino una creación virtual. A los mismos creadores de Lil Miquela, la empresa Brud, se debe también la aparición de Blawko, otro robot virtual que ya suma cerca de 150.000 seguidores y Bermuda, con 275.000. Ambos lucen modelos de firmas de moda y todo apunta a que esta tendencia irá a más ya que las empresas parecen satisfechas con estos ingenios virtuales que hacen todo lo que se les dice sin rechistar o pedir más dinero.

El paso más allá que dio KFC

Hasta el momento los influencers virtuales que hemos visto han sido creados por una empresa especializada y prestan sus servicios a cualquier marca que quiera contratarlos. Pero la multinacional estadounidense KFC fue un paso más allá al convertirse en la primera firma en contar con un prescriptor digital en exclusiva. Y menudo influencer, ya que se trata del propio fundador de la enseña, el ya fallecido coronel Harland Sanders, que ha resucitado en el mundo virtual con una creación en Instagram que no ha dejado a nadie indiferente. Y es que Sanders se presenta como un hombre apuesto que disfruta de la vida y que ya tiene más de 1,5 millones de seguidores. Como no podía ser de otra manera, su sueño es fundar una empresa que venda pollos y cuya sede esté en Louisville, que es precisamente lo que hizo su homónimo de carne y hueso en el siglo pasado. Cuentan que el Sanders virtual nació como una especie de parodia de KFC al estilo de vida millennial. Pero una vez visto el éxito obtenido por la creación -hasta ha colaborado con otras marcas como Dr.Pepper- han decidido mantenerla.

La primera supermodelo virtual

Hace ahora tres años, la firma de lujo gala Balmain presentó sus últimas creaciones recurriendo a tres modelos creados de manera digital. Dos de ellas habían sido diseñados en los estudios de la propia empresa. Pero la tercera era externa. Su nombre es Shudu Gram y está considerada como la primera supermodelo digital del mundo, con más de 200.000 seguidores en Instagram. Sin duda, Gram es la influencer digital con la que es más difícil discernir entre el mundo real y el ficticio. Pero una cosa está clara, buena parte de la sociedad actual acepta los consejos que da un personaje creado a base de líneas de código y que sigue las órdenes de una marca. Eludir esta realidad carece de sentido. Más aún en el mundo emprendedor que necesita recurrir a todo lo que esté en su mano para tratar de salir de la crítica situación económica generada por la pandemia de covid. Resulta evidente que aún es pronto para centrar un plan comercial en los influencers virtuales. Pero sería un error minusvalorar una tendencia que ya está muy extendida en el mundo anglosajón. Ahora la gran pregunta es si los influencers virtuales perdurarán o serán una moda pasajera. Todo apunta a que acompañarán a la sociedad durante mucho tiempo. Primero porque para las empresas contar con una figura a la que pueden controlar al 100 por cien solo supone ventajas. Y, segundo, y quizá más importante, porque los primeros estudios realizados indican que los internautas están tres veces más comprometidos con los mensajes de los influencers virtuales que con los de carne y hueso. El dato evidencia que los robots prescriptores gozan del beneplácito de los consumidores lo que, sin duda, alargará su existencia en el tiempo.
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