28 jun 2021

El plan de infraestructuras de EEUU alimenta un súper ciclo económico

El ambicioso programa de la Administración Biden está en disposición de impulsar una década de bonanza, con substanciales beneficios y rentabilidades para los inversores.

Después de una década de infravaloración tanto en recursos como en inversiones sobre la red de infraestructuras estadounidenses, el programa de la Administración Biden, focalizado sobre todo en los proyectos de neutralidad energética y los vehículos eléctricos, estimulará al sector de la construcción y a su segmento de provisión de materiales de obra. Desde el asfalto para carreteras hasta el acero para nuevos puentes. “Y su dinamismo catapultará y dará alas a la economía, que se sumergirá en un super-ciclo virtuoso”, explica Nikolaj Lippmann, analista de activos en Morgan Stanley, para quien “en la última década, en medio de dos recesiones” se han manifestado las carencias competitivas de EEUU en este factor neurálgico del tránsito mercantil y económico. Ahora, con la necesidad de espolear el despegue, el planteamiento inversor de la Casa Blanca, y los recursos federales asignados -que van en aumento, hasta los 2,7 billones de dólares, según las últimas revelaciones- actuarán como carburante para el resto de la economía. Pero, a juicio de Lippmann, también para los inversores. A través de seis parámetros.

 

1.- Un amplio core de proyectos. El plan AJP -American Jobs Plan- contempla cuatro categorías de inversión. Hacia las infraestructuras tradicionales -para su renovación y modernización-, las redes medioambientales, las iniciativas tecnológicas y de innovación y los programas sociales. En las esferas de Washington se da por hecho que tendrá el visto bueno del Congreso a finales del tercer trimestre. Aunque desde el poder legislativo se han acelerado los progresos de todas las iniciativas relacionadas con la reconversión de las infraestructuras existentes. Dentro de lo que se conoce como Moving Forward Act. Michael Zezas, responsable de Investigación de Políticas Públicas de la Casa Blanca, considera esta partida inicial como el detonante del impulso del PIB este ejercicio. “Tendrá un efecto inmediato”, explica.

Los inversores -explica Lippmann- tendrán que estar ojo avizor al caso judicial abierto en la Corte Suprema entre California y Texas que dictaminará si la Affordable Care Act (ACA) se ajusta o no a la Constitución americana. “En nuestra opinión, si la decisión es contraria a derecho, creará un cisma en el Congreso, que actuará sobre la legislación sanitaria en lugar de en el programa de infraestructuras”, pese a las necesidades de renovación de las redes vetustas, que necesitarán 3,1 billones de dólares para su completa reparación.      

2.- Las bondades de un super-ciclo en ciernes. De convertirse en ley, el plan de infraestructuras demandará una ingente capacidad de materiales de construcción, desde cemento, hasta acero y otros elementos metálicos, que posibilitará el repunte de la producción e ingresos del sector de las manufacturas y de la industria. Las firmas precisarán de una intensificación de capitales y de fuerza laboral. Con el consiguiente aumento de los precios de sus bienes. Un trabajo de Alpha Wise, la central de datos de Morgan Stanley, desglosa los desembolsos que precisan únicamente las redes tradicionales: 398.000 millones para puentes; 796.000 a carreteras, otros 300.000 para abastecimiento de acero y 1,6 billones a garantizar el suministro de asfalto. 

3.- El cemento podría duplicar sus beneficios. El principal receptor de los efectos balsámicos del plan. “La industria cementera de EEUU está al 90% de su capacidad productiva y al 30% de su poder de importación, con lo que los precios se precipitarán irremediablemente al alza”, aclara Carlos de Alba, analista de activos de Morgan Stanley America y de materiales básicos. A su juicio el repunte será de entre el 15% y el 20% anual, de forma que las empresas duplicarían su cuenta de resultados en ganancias a lo largo de este lustro. De Alba estima un precio de entre 70 y 85 dólares por tonelada. Y requerirá de compras desde el exterior, lo que “podría crear todavía un mayor margen de beneficios a los productores nacionales” por el diferencial de precios. Para los inversores, un aviso a navegantes: EEUU precisará materiales -cemento y agregados- similares a cuatro años de demanda por cada ejercicio del plan.

4.- El acero, el otro gran pastel inversor. La construcción es uno de los segmentos que más acero consume en EEUU. Cerca del 44% de la cuota nacional. Fuentes de la industria calculan que por cada 1.000 millones de dólares gastados en infraestructuras se requiere aproximadamente 50 kilotoneladas de acero. El planteamiento inicial del programa, de 1,5 billones de dólares para los próximos diez años -sin las iniciativas legislativas colaterales que incluyen gastos federales en la red de comunicaciones de EEUU- supondrá unas 75 toneladas métricas adicionales a la demanda de acero a lo largo de la década actual. Aunque su vigor dependerá de la tipología final de cada proyecto aprobado. Por ejemplo, si cada torre de turbinas eólicas precisa unas 200 toneladas de acero, las redes eléctricas demandan entre 30 y 35 toneladas por milla.                        

5.- Los activos de construcción, en vías de revalorización. “Cuando la industria constructora ha recibido recursos federales, reduce sus riesgos de inversión, concede a sus empresas más poder vía precios, mejora sus beneficios y rentabilidades y renueva su perfil bursátil y su atractivo para el inversor”, explica Lippmann. Si, además, le confiere un amplio plan de infraestructuras desde la Casa Blanca, “les proveen de un grado de retorno de inversiones substancialmente más alto”. Para Lippmann, basándose en anteriores planes federales y en cálculos de beneficios inversores promedios, el momento de máximas ganancias se suele producir en el tercer mes posterior a la aprobación del programa.  

6.- Efecto económico multiplicador. Los millonarios recursos en infraestructuras se traducen en aumentos de productividad a gran escala. Por cada billón de dólares en planes a diez años se añaden dos décimas al PIB, por ejercicio, durante todos los ejercicios de desembolsos. Además de 715.000 nuevos puestos de trabajo en el conjunto del periodo. Pero, “si se tiene en cuenta el estímulo fiscal, el combustible adicional puede impulsar entre cuatro y ocho décimas más el PIB”, explica Ellen Zentner, economista jefe para EEUU del banco de inversión americano. Además de un efecto multiplicador sobre la actividad “de incluso dos dólares por cada unidad de billete verde empleado en el plan federal”, augura Zentner.

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