15 abr 2021

La sostenibilidad, condición necesaria pero no suficiente

Aunque el cambio climático, la reducción de emisiones y el cuidado del planeta son ejes que marcarán la recuperación económica y la era postcovid, no son suficientes para asegurar el éxito empresarial. El despido del CEO de Danone lo demuestra.

Muy pocos dudas de que la sostenibilidad (también el teletrabajo y el comercio electrónico) seguirán siendo tendencia en un mundo postcovid. Y si todavía queda por ahí algún negocionista al respecto, nada mejor que el dinero europeo para hacerle cambiar de opinión. Y es que existen pocas pruebas más contundentes que el interés (digamos más bien exigencia) de la Unión Europea en que las ayudas de 750.000 millones del fondo Next Generation EU se destinen en una adecuada proporción a todo lo relacionado con el cuidado del medio ambiente, la lucha contra el calentamiento global y la reducción de emisiones.

A todo lo anterior hay que sumar que el impulso a la sostenibilidad no viene solo de los organismos públicos nacionales e internacionales, sino que es la mayoría de la sociedad la que también exige al mundo empresarial que tenga en cuenta los aspectos medioambientales y de sostenibilidad en su negocio. Pero esto no es nuevo. De hecho, la industria textil (una de las más contaminantes) ha tenido que reinventar su modelo de producción porque los consumidores ya no admiten que para confeccionar una prenda se contaminen ríos y ríos de tinta. 
 

Por si fuera poco, los mercados financieros siguen aplaudiendo las inversiones sostenibles incluso en unos tiempos de tanta incertidumbre como los actuales por la pandemia. El mejor ejemplo de ello está en la positiva evolución que los fondos que invierten en empresas con sólidas políticas medioambientales, sociales y de buen gobierno (ESG por sus siglas en inglés). De hecho, la rentabilidad que estos productos han ofrecido en 2020 ha sido superior a los fondos de inversión tradicionales. De ahí que a nadie extrañe que los fondos ESG hayan captado 255.000 millones de dólares en 2020. Quizá queden inversores que consideren que el pasado 2020 y el presente 2021 son años excepcionales que no deben tenerse en cuenta para elaborar tendencias de futuro por el impacto de la pandemia del Covid en los mismos. Pero la lógica indica que la amenaza del calentamiento global será aún mayor en un mundo futuro sin Covid. De ahí que todo apunte a que el positivo escenario que ahora presenta la inversión sostenible se mantendrá en el futuro.


La sostenibilidad, por tanto, es y será un pilar que los negocios deben tener en cuenta en la era actual y más en la postcovid. Pero, cuidado, como decíamos en el titular de este post: la sostenibilidad por sí misma es insuficiente.

Para explicar esta tesis, partamos de un acontecimiento que ha ocurrido recientemente en el mundo empresarial. Se trata del despido del consejero delegado de Danone Emmanuel Faber, tras permanecer siete años en el cargo. Este periodo es el que de media están los altos cargos en las empresas, por lo que el relevo efectuado en el gigante de la alimentación no debe ser visto como algo llamativo desde ese punto de vista.

Sí sorprende en cambio que los accionistas de Danone se hayan “cargado” al adalid de la integración de la sostenibilidad en el negocio de Danone. Y es que Faber se ganó el reconocimiento de la mayoría por su visionaria visión del negocio al situar la sostenibilidad, la RSC y el buen gobierno en el centro de todas sus decisiones al frente de Danone. De hecho, Faber es un gran defensor de una transformación hacia un capitalismo más humano.

Sin duda, los principios que Faber defendía concuerdan con la cultura que Danone lleva desarrollando casi desde su fundación en 1919 en la ciudad de Barcelona. Baste como ejemplo que en la década de los 70 esta empresa ya hablaba de lo que hoy se conoce como responsabilidad social, cuidando a los proveedores con los que trabajaba y exigiendo a los mismos unos cánones de sostenibilidad que siguen siendo aún válidos en el momento actual y que han sido referentes para que la industria alimentaria (que supone más del 20% de las emisiones a nivel mundial) haya reducido su impacto desde el punto de vista medioambiental.

Resulta obvio que la imagen de marca y la reputación de Danone también ha salido favorecida por la presencia de un ejecutivo como Faber. Entonces, ¿por qué los dueños de Danone le han puesto un jugoso cheque encima de la mesa y le han dicho educadamente que se marche con sus principios a otro lado?

Aunque pueda llegar a pensarse, los fondos y accionistas particulares de Danone no son unos señores a los que el cambio climático les parece una farsa. De hecho, casi seguro que muchos de ellos son aún más ricos por apostar parte de su capital en inversiones que se rigen bajo criterios sostenibles. Las causas del despido de Faber hay que buscarlas únicamente en el peor desempeño de Danone frente a su competencia desde el punto de vista de la hoja de resultados. Es decir, Danone ofrecía una imagen exterior fantástica como firma puntera en la lucha contra el calentamiento global y en el cumplimiento de todos los principios de responsabilidad social. Pero sus ganancias no habían llegado al porcentaje que los accionistas exigían. ¿Resultado? Cambio de gestor.

¿Qué lecciones se pueden obtener de lo ocurrido recientemente en Danone? Pues simple y llanamente que la sostenibilidad por sí sola como estrategia empresarial supone un riesgo que los negocios no deben asumir. En otras palabras y al igual que ocurre en otros aspectos de la sociedad, los extremismos por sí mismos no bastan. Lo ideal es una cultura y una estrategia empresarial que integre todas las tendencias. Y es que no conviene olvidar que por mucho que haya que basarse en principios éticos y sostenibles, uno de los principales objetivos de la empresa es y será ganar dinero. Solo así podrá generar riqueza y empleo. Y si, además, logra récord tras récord de ganancias siendo respetuosa con el planeta y ayudando a la sociedad, pues miel sobre hojuelas.

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