20 jun 2021

Repliegue conservador en la República Islámica

No hubo lugar para la sorpresa. Como se preveía, el ultra conservador Ebrahim Raissi fue elegido presidente de Irán en los comicios celebrados el pasado 18 de junio. 

Durante la campaña, el nuevo presidente afirmó querer crear “un gobierno aplicado, revolucionario y dispuesto a luchar contra la corrupción”. Sin embargo, la tasa de participación, de solo un 48,8%, la más baja desde la creación de la República Islámica en 1979, probó que los ciudadanos, agobiados por una brutal crisis económica, esperan ya poco de sus dirigentes y están cada vez menos interesados por el “ideal revolucionario”. En cuanto a la lucha contra la corrupción, el nuevo dirigente, de 60 años, tendrá mucho trabajo por delante, si se tiene en cuenta que Irán ocupa un muy negativo puesto 146 sobre un total de 180 países en el índice de percepción de la corrupción elaborado por Transparencia Internacional. En política exterior, la principal preocupación de Raissi será conseguir que le sean levantadas a su país las sanciones económicas que asfixian su economía al impedirle vender su petróleo, el principal producto de exportación del país. Esas sanciones fueron impuestas por Donald Trump en noviembre de 2018, seis meses después de que los EE.UU. denunciaran unilateralmente el Acuerdo Nuclear de 2015. El nombramiento de Raissi ha suscitado una enorme preocupación en Israel, que considera que el nuevo dirigente iraní apoya sin reservas el programa militar nuclear de su país. Por último, la reacción estadounidense ante el resultado de las elecciones, que las autoridades de ese país han calificado de muy poco libres, ha sido tibia. Se da la circunstancia, además, de que Raissi ocupa un lugar destacado en una lista elaborada por la Secretaría de Estado que integran dirigentes iraníes considerados “responsables de graves violaciones de los derechos humanos” en su país. Si los EE.UU. no retiran al nuevo Presidente de esa lista, aquél no podrá pisar territorio estadounidense y, por ejemplo, no podrá acudir a la ceremonia de apertura anual de la Asamblea General de la ONU, que tiene lugar en octubre en Nueva York. No es probable, sin embargo, que las autoridades norteamericanas, deseosas como están de revitalizar el Acuerdo Nuclear de 2015, mantengan al nuevo jefe del Estado iraní en la citada lista.

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