03 may 2026
Continúa la ofensiva yihadí-tuareg
La junta militar que gobierna Mali y sus aliados rusos se enfrentan a una presión sin precedentes.
El pasado 25 de abril, la filial de Al Qaeda en la región del Sahel, JNIM, y el grupo separatista tuareg Frente de Liberación del Azawad lanzaron su mayor ofensiva hasta la fecha, atacando numerosos puntos, lo que resultó en la muerte del ministro de Defensa y la toma de la ciudad estratégica de Kidal. Aunque el líder de la junta, Assimi Goïta, ha afirmado en la televisión nacional que “todo está bajo control”, a lo largo de la última semana los grupos armados se han hecho con el control de Tessalit, un importante enclave militar y principal base de las fuerzas rusas en el país, situado cerca de la frontera con Argelia. Según diferentes fuentes, tanto las Fuerzas Armadas de Mali como sus aliados rusos habrían abandonado sus posiciones sin combate, dejando a los yihadistas y los tuaregs tomar la base. El JNIM también anunció el bloqueo total de Bamako: si bien consiguieron cortar tres de las seis principales arterias de la capital, la junta ha anunciado la recuperación del control total de la ciudad. Los yihadistas ya intentaron paralizar Bamako en 2025, con un bloqueo de combustible que duró varios meses y que dejó sin gasolina a las estaciones de servicio de toda la ciudad. El colapso del régimen militar es uno de los objetivos declarados de los insurgentes que, sin duda, han conseguido debilitar a la junta militar. Las autoridades están llevando a cabo investigaciones internas después de encontrar “pruebas sólidas sobre la complicidad de ciertos militares”, además de cuestionar a los responsables de la inteligencia militar maliense, que no detectaron indicios del ataque durante los meses de preparación previos. Además, en Bamako también se cuestiona el papel de Moscú: tras la apresurada retirada de los efectivos rusos de Kidal, Goïta convocó al embajador ruso, Igor Gromyko, a conversaciones formales. Por ahora, y ante la negativa de la junta a negociar con los rebeldes, las fuerzas gubernamentales y los insurgentes se encuentran en un impasse que hace prever más violencia.