12 sep 2021

Consecuencias de la victoria talibán (parte I)

La rápida victoria militar de los talibanes ha supuesto un shock para el equilibrio de fuerzas en la región e incluso, en algunos aspectos, en la pugna por la hegemonía mundial entre China y EE.UU. 

Para empezar, la victoria talibán ha sido un duro golpe para Washington y su imagen exterior. Aunque resulte sorprendente, lo ha sido más por la velocidad de la implosión de las fuerzas afganas, equipadas y formadas a lo largo de dos décadas por EE.UU., en apenas dos semanas, que por el resultado final. La CIA otorgaba al gobierno afgano entre 12 y 18 meses de vida pero las dudas sobre su supervivencia eran claras. Post-mortem resulta evidente que la falta del apoyo aéreo y, con ello, el estrangulamiento de las líneas de suministro del ejército afgano, hacían inviable sostener una lucha perdida de antemano contra las fuerzas talibanes, lo que ha hecho la retirada y rendición la principal causa del rápido avance de éstas. Es cierto que Washington se ha retirado voluntariamente por el elevado coste de su presencia en el país (se calcula en 1 billón de dólares el coste que para EE.UU. ha tenido toda la campaña). A ello se suma la, en principio, escasa importancia estratégica del país, sobre todo frente al sudeste asiático hacia donde la Casa Blanca está enfocando su política exterior para contener a China. Además, podía alegar que había logrado, tras el acuerdo firmado con los talibanes, su principal objetivo de erradicar el país como santuario para el terrorismo yihadista internacional. Sin embargo, el abandono de un gobierno aliado (el acuerdo con los talibanes fue visto como una traición por las fuerzas afganas) y su rápida caída manda un mensaje muy negativo a aquellos países que ahora mismo se dirimen entre aliarse con EE.UU. o estrechar lazos con la pujante economía china. Incluso hay muchas dudas de que realmente los talibanes vayan a cumplir su compromiso de erradicar la presencia de grupos terroristas internacionales.

El problema yihadista
Lo cierto, es que para obtener algún reconocimiento internacional y reiniciar los flujos de financiación, los talibanes intentarán convencer al resto del mundo de que han resuelto o mitigado el problema yihadista global. Dado que el propio Estado Islámico (EI) ha anunciado una ofensiva contra los nuevos gobernantes de Afganistán, la pregunta no es en realidad tanto si los talibanes se sienten lo suficientemente motivados para hacer frente a estos competidores radicales es si podrán salir victoriosos. Los combates entre los talibanes y el EI llevan produciéndose desde 2019. Si bien los primeros han salido victoriosos en expulsar al EI de Nangarhar y empujarlos hacia el este, también es cierto que contaron con el apoyo de los EE.UU. en esa campaña y ahora tendrán que hacer frente a sus propias tácticas de ataques insurgentes y atentados terroristas (el EI se atribuyó la responsabilidad de la explosión de una bomba dirigida contra el Consejo de Líderes talibán en Quetta en abril de 2020). Además, se calcula que la caída del gobierno afgano ha supuesto la liberación de hasta 2.000 efectivos del EI de las cárceles.

Consecuencias de la victoria talibán (parte II)

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