11 ene 2026

¿Groenlandia la siguiente?

Apenas unos días después de la operación “Resolución Absoluta”, Donald Trump fijó su objetivo en Groenlandia.

El presidente insistió en que el control de la isla, un territorio autónomo perteneciente a Dinamarca, resulta vital para la seguridad nacional estadounidense. Aunque durante la campaña electoral ya había adelantado sus planes de anexión, nadie los consideró una amenaza real hasta la intervención militar en Venezuela, que ha cambiado por completo la percepción de sus palabras. En una declaración conjunta extraordinaria publicada el pasado 6 de enero, seis líderes europeos reafirmaron su apoyo a la soberanía de Groenlandia y Dinamarca y a los principios de la Carta de las Naciones Unidas. La Casa Blanca afirma que el presidente y sus asesores están considerando una “serie de opciones” para adquirir Groenlandia, negociadas o no, sin descartar el uso de la fuerza militar. Incluso se habla de la posibilidad de enviar pagos únicos a la población (unas 57.000 personas) para convencerlos de que se independicen de Dinamarca y se unan a EE. UU..

Los pretextos de Trump para justificar su interés en la isla han sido variados: su potencial riqueza minera (alberga tierras raras, grafito, cobalto y cobre, minerales esenciales para la fabricación de material militar); contrarrestar la presencia china y rusa en el Ártico o cuestiones de seguridad nacional. A esto último, las autoridades danesas replican que Groenlandia ya alberga una base militar estadounidense, la base de Pituffik, y que no existen límites explícitos sobre el número de tropas que Estados Unidos puede desplegar allí (actualmente solo mantiene 200 soldados, mientras que, durante la Guerra Fría llegó a tener 10.000). También propugna que la OTAN refuerce su presencia en el Ártico.

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