11 ene 2026

Impacto regional y mensaje global

En América Latina, el episodio refuerza la percepción de un retorno del poder duro estadounidense.

Países como México y Colombia observan con inquietud cómo la agenda de seguridad de Washington —narcotráfico, migración y ahora cambio de régimen— se amplía y se entrelaza, mientras que Cuba vuelve a situarse en el centro del radar estratégico estadounidense como aliado histórico del chavismo. Donald Trump ha reiterado que “no habrá más petróleo ni dinero” procedentes de Venezuela para Cuba, y urgió al gobierno de La Habana a “llegar a un acuerdo” con Estados Unidos “antes de que sea demasiado tarde” para evitar mayores consecuencias económicas, un mensaje que diversos medios interpretan como un ultimátum en un momento de profunda fragilidad energética y financiera para la isla

Este episodio sienta un precedente delicado en el orden internacional. Diversos análisis interpretan que la ofensiva de Washington sobre Caracas constituye una señal para China y Rusia de que EE. UU. está dispuesto a expulsar a las potencias rivales de su zona de influencia, así como a reorientar el manejo del petróleo venezolano hacia sus propios intereses estratégicos y energéticos, pese a que este objetivo no se formule de manera explícita en el discurso oficial. La ONU ha apelado a la cautela, recordando que los recursos naturales de Venezuela, incluido su petróleo, pertenecen a su pueblo, y subrayando que las acciones de incautación en alta mar deben ajustarse al derecho internacional para evitar una escalada de inseguridad marítima. La intervención de EE. UU. no solo redefine el equilibrio en Venezuela, sino que erosiona las normas globales y envía un mensaje contundente sobre los límites de la influencia de potencias rivales en el entorno inmediato de Estados Unidos

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