08 mar 2026

Interrupción del comercio de petróleo

El conflicto entre Estados Unidos-Israel e Irán ha provocado uno de los escenarios que más se temía: el bloqueo del estrecho de Ormuz.

La navegación de buques petroleros por esta vía fundamental para el transporte mundial de hidrocarburos se ha interrumpido, como consecuencia de los ataques efectuados por Teherán contra embarcaciones e instalaciones energéticas, como la terminal de procesamiento de gas natural licuado de Catar. En este escenario tan extremo, algunos países del Golfo han comenzado a reducir la producción de petróleo, dado que sus infraestructuras de almacenamiento se encuentran al máximo de capacidad. Irak ha recortado el volumen de extracción en más de 1,5 millones de barriles (mill.b/d) y Kuwait en cerca de 100.000 b/d. A medida que se prolonga el conflicto más países se verán forzados a disminuir su producción. De todas las economías petroleras del Golfo, tan solo Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos cuentan con oleoductos que permiten redirigir parte de sus exportaciones hacia puntos alejados del estrecho de Ormuz.

La drástica interrupción del comercio de crudo ha provocado un vertiginoso aumento de la cotización. El precio del barril de Brent ha aumentado más de un 50% en tan solo una semana. A cierre de estas líneas se encuentra en torno a los 105 $/b, si bien a lo largo de la jornada llegó a situarse cerca de los 120 $/b. En el caso del gas referenciado en Europa (Dutch TTF) el incremento ha sido superior al 60% (61 €/MWh en el momento de escribir estas líneas), como consecuencia de la interrupción de las exportaciones de gas natural licuado de Catar. En definitiva, las previsiones más pesimistas se han cumplido. En el caso de que el conflicto se prolongue más allá de marzo, no se descarta que el precio del petróleo supere el récord registrado en 2022. A esto se suma la preocupación de que el crudo se mantenga en valores inusualmente elevados durante varios meses. De producirse, el encarecimiento de los hidrocarburos se trasladará progresivamente a lo largo de las cadenas de valor, como ocurrió tras la invasión de Ucrania. De acuerdo con los cálculos del FMI, un incremento sostenido del 10% en los precios de la energía durante un año restaría entre 0,1 y 0,2 puntos porcentuales al crecimiento mundial, elevando simultáneamente la inflación global en 40 puntos básicos.

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