14 dic 2025

Kast gana con holgura, pero deberá negociar en el Parlamento

Con una victoria amplia —58,2% frente a 41,8%— y una participación marcada por el voto obligatorio, el triunfo de José Antonio Kast refleja un cambio claro en las prioridades del electorado chileno.

La inseguridad, la migración irregular y el malestar económico pasaron a ocupar el centro del debate, desplazando el foco desde la desigualdad y la reforma institucional. El fracaso de los dos procesos constitucionales reforzó además una fatiga con proyectos de cambio profundo y contribuyó a cerrar la etapa política abierta tras el estallido social de 2019. A esto se sumó el desgaste del Gobierno de Gabriel Boric, que terminó perjudicando a Jeannette Jara, junto con una resistencia persistente en amplios sectores del electorado a la llegada del Partido Comunista a la presidencia. En ese contexto, Kast logró unir a las derechas y atraer a votantes pragmáticos, que lo vieron como una opción más eficaz para restablecer el control y el orden.

En términos de gobernabilidad, Kast llega a La Moneda con un mandato presidencial fuerte, pero con márgenes más estrechos de lo que sugiere la magnitud del triunfo. Aunque las derechas tienen una posición dominante en la Cámara de Diputados, no cuentan con una mayoría automática, y en el Senado —que se renueva solo parcialmente— el Partido Republicano es minoritario, lo que obliga al nuevo presidente a negociar de forma constante con la derecha tradicional y con fuerzas intermedias. Sus principales retos serán convertir su agenda de seguridad, control migratorio y ajuste fiscal en políticas viables, sin chocar con límites institucionales, presupuestarios y judiciales, y al mismo tiempo evitar una escalada de conflictividad social en un país con sindicatos y movimientos de izquierda altamente movilizados. A corto plazo, intentará mostrar resultados rápidos para afirmar su autoridad y recuperar la iniciativa del Estado; a medio plazo, su estabilidad dependerá de su capacidad para mantener cohesionada a la derecha, gestionar las tensiones sociales y sostener un ciclo político que, previsiblemente, seguirá marcado por una elevada polarización.

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