22 mar 2026

La medidas anti crisis energética se extienden por Asia

La crisis energética derivada de la guerra en Irán ha forzado a las economías asiáticas a activar medidas de emergencia ante el riesgo de desabastecimiento, optando por lo general por medidas que buscan aliviar el coste social.

La lista de países y medidas es ya larga: el pasado 21 de marzo, Sri Lanka incrementó los precios fijos del combustible en un 25% de un plumazo, una medida de choque para frenar el drenaje de sus escasas reservas de divisas y garantizar el suministro básico en hospitales y servicios críticos. Por su parte, Filipinas ha optado por la autorización del uso de combustibles "sucios", con niveles de azufre diez veces superiores a lo permitido para abaratar costes a los transportistas y plantas eléctricas, al tiempo que implementa la semana laboral de cuatro días para reducir los desplazamientos. Estas acciones se suman a la intervención de Japón, que ha inyectado subsidios masivos para congelar la gasolina en 175 yenes el litro, tras liberar reservas estratégicas, y a las restricciones en China, donde se ha priorizado el suministro eléctrico a las fábricas de microchips, imponiendo apagones nocturnos en centros comerciales. Este pasado 23 de marzo de 2026, China ejecutó la mayor subida del precio del combustible en 26 años, elevando el tope de la gasolina en 1.160 yuanes (168 $) por tonelada métrica. Se trata de un incremento récord que, sin embargo, solo representa la mitad de lo que dicta el mercado internacional, activando así por primera vez desde 2013 un mecanismo de emergencia para "aliviar la carga social". Por último, el Gobierno indio se vio obligado a invocar la Ley de Productos Esenciales el pasado 9 de marzo para decretar un racionamiento estricto del gas natural. La medida garantiza el 100% del suministro para el gas doméstico y el transporte urbano, pero a costa de severos recortes en el sector industrial. En conjunto, estas políticas reflejan un escenario de enorme preocupación y urgencia por mitigar una inflación importada y el coste social de la misma, pero amenazan con reducir el crecimiento de Asia, especialmente si el conflicto en el estrecho de Ormuz se prolonga más allá de las seis semanas ahora previstas.

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