05 jul 2026

Ruptura del alto el fuego

El conflicto entre Pakistán y Afganistán se ha reavivado esta semana tras una violenta cadena de represalias militares cruzadas iniciada el pasado 27 de junio.

Todo comenzó cuando un comando armado del grupo insurgente Jamaat-ul-Ahrar -una facción disidente de los talibanes pakistaníes (TTP)- asaltó el cuartel general de la fuerza paramilitar de los Rangers de Pakistán en la ciudad portuaria de Karachi, matando a tres soldados. Las fuerzas de seguridad identificaron a uno de los atacantes capturados como un ciudadano afgano. En respuesta, durante la noche del domingo 28 de junio, el ejército pakistaní lanzó una severa operación terrestre y aérea dirigida a las provincias orientales afganas de Paktia, Paktika y Kunar, mientras Islamabad aseguró haber neutralizado a 29 combatientes terroristas en estos "ataques de precisión". Por su parte, el gobierno talibán de Kabul denunció una masacre de al menos 36 civiles -incluyendo mujeres y niños- y más de 160 heridos, especialmente tras un segundo bombardeo trágico en el distrito de Chamkani cuando los residentes rescataban a las víctimas. Lejos de apaciguarse, la escalada rompió definitivamente el frágil alto el fuego que se mantenía desde marzo. El punto de inflexión fue el pasado 1 de julio, cuando las fuerzas afganas violaron el espacio aéreo pakistaní lanzando drones de ataque contra supuestos centros del Estado Islámico (ISIS) en el distrito de Pishin (Balochistán) y partes de Khyber Pakhtunkhwa; una ofensiva aérea sin precedentes que la defensa de Pakistán logró repeler, pero que nos lleva de vuelta al escenario de guerra abierta en una de las fronteras más inestables del mundo.

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