19 abr 2026

Tres años de guerra civil

El pasado 15 de abril, la guerra civil en Sudán, descrita por Naciones Unidas como la peor crisis humanitaria del mundo, comenzó su cuarto año, sin indicios de que pueda llegar pronto a su fin.

El conflicto entre las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF) y el grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) estalló hace tres años, tras una disputa de varios meses sobre los planes para incorporar a las RSF, compuestas por 100.000 efectivos, al Ejército regular. La principal consecuencia ha sido la muerte de cientos de miles de personas y el desplazamiento forzoso de un cuarto de la población, además de una debacle económica que deja a casi 20 millones de personas en situación de “hambre aguda”. La ONU ha denunciado que los ataques con drones de ambos bandos han causado la muerte indiscriminada de civiles en la región de Kordofán y el estado del Nilo Azul (700 víctimas solo en 2026), y que se han encontrado “indicios de genocidio” contra las comunidades Zaghawa y Fur, perpetrados durante la toma de El Fasher por las RSF el pasado octubre.

Durante los tres años de enfrentamiento, se han producido numerosos intentos de mediación externa; sin embargo, no se ha logrado ningún avance y se han ignorado todas las resoluciones de alto el fuego. Además, se trata de un conflicto muy regionalizado: las RSF cuentan con Emiratos Árabes Unidos como principal patrocinador y aliado, pero también tienen el apoyo de Etiopía o Chad, mientras que las SAF cuentan con el respaldo de Egipto y Turquía. Ambas facciones han logrado importantes victorias durante el último año: las SAF consolidaron su control sobre Jartum y Sudán central, y las RSF sobre Darfur, pero esto solo ha reforzado la partición de facto del país y puede haber afianzado el estancamiento del conflicto. Así, es improbable que se alcance un alto el fuego en el corto plazo, a menos que los apoyos externos ejerzan una presión coordinada sobre los beligerantes para crear condiciones propicias para la desescalada, ya que, en la actualidad, estos no ven ninguna ventaja estratégica en congelar el conflicto. Por el contrario, ambos bandos tienen poderosos incentivos económicos para perpetuar las hostilidades, alimentados por una lucrativa economía de guerra basada en el clientelismo externo y el tráfico ilícito de recursos. Con el objetivo de intentar paliar el sufrimiento de la población, el mismo día del triste aniversario se celebró en Berlín la tercera conferencia internacional sobre Sudán, que logró el compromiso de los participantes de aportar 1.500 mill.€ para ayuda humanitaria, una cifra que, si bien superó las expectativas, apenas cubre la mitad de las necesidades básicas del país, según estimaciones de la ONU.

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