01 feb 2026
La madre de todos los acuerdos
En un giro pragmático forzado por las tensiones geopolíticas y la sombra de una administración Trump proteccionista, la UE e India han concluido las negociaciones de un histórico Tratado de Libre Comercio (TLC).
Este pacto, calificado también por la presidenta de la Comisión Europea como "la madre de todos los acuerdos", une a dos potencias que suman el 25% del PIB mundial y 2.000 millones de consumidores con el objetivo estratégico de reducir su dependencia de China. La estructura del pacto se asienta sobre tres pilares fundamentales: un desarme comercial que eliminará aranceles en más del 90% de los productos, un marco de Protección de Inversiones para garantizar seguridad jurídica a las empresas y un acuerdo sobre Indicaciones Geográficas que blindará las denominaciones de origen.
El factor más llamativo es el fin del "proteccionismo extremo" indio en sectores claves para la UE. Los aranceles a vehículos europeos caerán drásticamente del 110% al 10% de forma progresiva, mientras que sectores como la química, la maquinaria y los vinos ganarán un acceso sin precedentes a cambio de una mayor apertura europea al textil indio. No obstante, la sensibilidad política todavía ha dejado fuera a sectores críticos como los lácteos y cereales. Más allá de las mercancías, el acuerdo contempla una inversión proyectada de 100.000 millones de euros en 15 años y una "vía rápida" de visados para ingenieros indios, una medida diseñada para paliar la escasez de profesionales tecnológicos en Europa.
En el plano estratégico, el acuerdo reactiva el corredor IMEC (India-Oriente Medio-Europa) para competir directamente con la Ruta de la Seda china y refuerza la cooperación en defensa y ciberseguridad en el Indopacífico. Sin embargo, el camino hacia la implementación no está exento de retos: el nuevo "impuesto verde" (CBAM) de la UE supone un riesgo para el acero indio, aunque Bruselas se ha comprometido a financiar la descarbonización de la industria india con tecnología de hidrógeno verde para suavizar este impacto. Con un ahorro anual estimado en 4.000 millones de euros en derechos de aduana, este tratado marca una nueva era de “realismo comercial”, aunque su éxito final dependerá de un complejo proceso de ratificación por parte de los 27 Estados miembros.