13 sep 2026
El triple reto de Dakar: evitar el impago, lograr la cohesión política y proteger su reputación
Con el país sumido en una abrumadora crisis de liquidez, la administración de Diomaye Faye está haciendo malabarismos para proteger la reputación internacional de Senegal, garantizar un acceso continuo a la financiación que evite un impago y un descenso al caos y suavizar el impacto político interno que supondría admitir de forma abierta una insolvencia soberana y la necesidad de contar con apoyo internacional para la gestión del sobreendeudamiento.
El 1 de septiembre el Fondo Monetario Internacional (FMI) y las autoridades senegalesas alcanzaron un acuerdo a nivel técnico para una Facilidad Extendida de Crédito (ECF) por 2.200 mill.$ a tres años, pendiente de la aprobación de la Dirección y del Directorio Ejecutivo del Fondo y vinculado a reformas y a la necesidad de un tratamiento de la deuda para restaurar su sostenibilidad. Esta noticia, si bien positiva, ha abierto la puerta a numerosos interrogantes y futuribles. La obstinación del ejecutivo en evitar los términos reestructuración o default busca mitigar el coste reputacional y el impacto político interno, promoviendo el concepto de reprofiling (extensión de plazos y renegociación de tipos de interés) mediante el denominado Plan de Tratamiento de la Deuda de Senegal (PTDS). No obstante, esta floritura semántica no ha logrado calmar a unos mercados que ya descuentan el impago, ni a S&P, que considera una reestructuración en dificultades o un default una “virtual certainty”, ni a un parlamento con una mayoría pro-Sonko, ex primer ministro que llegó a calificar de “humillación” una eventual reestructuración de la deuda propuesta por el FMI. Más allá de la disputa interna en torno al soberanismo senegalés, las decisiones técnicas adoptadas para abordar la crisis han generado importantes controversias y distorsiones en el ámbito crediticio. La exclusión de la deuda denominada en franco CFA se ha hecho para proteger al sector bancario regional, pero al permitir la acumulación de atrasos comerciales internos y dar prioridad a los tenedores de bonos internacionales, se ha creado una jerarquía de deuda fragmentada que ha generado dudas sobre el trato entre distintas categorías de acreedores. A ello se suma el uso opaco de derivados financieros durante el último año, entregando bonos domésticos en francos CFA como garantía a bancos internacionales, una práctica que ha difuminado los límites entre la deuda interna y la externa y promete dificultar unas negociaciones ya muy complejas. La sostenibilidad financiera de Senegal dependerá de la flexibilidad del Marco Común del G20, la aprobación final del Directorio Ejecutivo del FMI y la resolución de su frágil gobernabilidad interna.