11 ene 2026
La palanca de los recursos y la cautela del sector privado
El factor energético constituye el eje de la estrategia de Washington, motivado por la relevancia de unas reservas que representan el 17% del total mundial y cuya composición pesada es ideal para las refinerías del Golfo de México.
Sin embargo, este interés se enfrenta a una industria devastada: tras décadas de falta de inversión y mala gestión, la producción venezolana es hoy apenas una cuarta parte del máximo registrado a finales de los noventa (unos 800.000 b/d en 2025, frente a 3,5 mill. b/d en 1998) y su infraestructura está gravemente deteriorada, lo que exige inversiones masivas solo para estabilizar la producción. Según algunas estimaciones, recuperar los niveles de hace quince años requeriría inversiones por valor de más de 100 000 millones de dólares. Por ponerlo en contexto, esta cifra equivale al doble del capital invertido por todas las empresas petroleras de EE. UU. en el mundo en 2024.
En ese contexto, Trump se ha reunido en la Casa Blanca con los principales ejecutivos de la industria petrolera —incluidas Chevron, ExxonMobil, ConocoPhillips, Shell, Repsol y Eni— para proponer que comprometan una inversión de 100 000 millones de dólares en la reconstrucción del sector venezolano. Presentó el proyecto como una oportunidad estratégica, pero bajo una advertencia: será Washington quien decida quién opera en Venezuela y sugirió que hay otras dispuestas a ocupar el lugar de quienes se muestren reacios a participar. La respuesta del sector fue dispar. Mientras Darren Woods, el CEO de ExxonMobil, describió a Venezuela como “ininvertible” bajo las actuales condiciones legales y comerciales y reclamó reformas profundas antes de comprometer capital, otras firmas como Chevron y Repsol mostraron una actitud más receptiva, aunque condicionada a la obtención de garantías políticas y jurídicas claras.
Más allá del crudo, Venezuela dispone de grandes depósitos de oro, carbón y níquel, aunque su explotación formal se ve comprometida por la presencia de grupos armados irregulares que controlan parte del territorio del llamado Arco Minero del Orinoco. Finalmente, la dimensión financiera introduce una presión crítica: la captura de Maduro ha reactivado las expectativas de fondos de inversión y acreedores internacionales, que ven en el cambio político la oportunidad definitiva para cobrar los miles de millones de dólares de deuda acumulada por el Estado y PDVSA..