16 feb 2026
Piedra angular de la economía verde global
La República Democrática del Congo (RDC) se encuentra en una encrucijada histórica. Lejos de las visiones reduccionistas que han definido su cobertura mediática durante décadas, está emergiendo como un actor indispensable en la economía global del siglo XXI. Con una extensión similar a la de Europa Occidental y una posición geográfica que conecta la cuenca del río Congo con los Grandes Lagos y el Atlántico, la RDC es el almacén de recursos críticos sobre el que descansa la transición energética mundial.
Esta posición de monopolio geológico convierte al país en la piedra angular de la economía verde. Con el control del 70% de las reservas mundiales de cobalto y el 80% de las de coltán, el país es el proveedor indispensable de los insumos básicos para la fabricación de baterías de vehículos eléctricos, teléfonos inteligentes y tecnologías de almacenamiento de energía renovable. Sin la participación del Congo, la descarbonización global es técnica y logísticamente inviable. A esta hegemonía en minerales estratégicos se suma una producción masiva de cobre, fundamental para las redes de electrificación, así como prometedores yacimientos de litio. Su subsuelo, con una valoración estimada en 24 billones de dólares, no solo representa una fortuna nacional, sino la garantía de suministro para las industrias de alta tecnología, lo que sitúa a Kinshasa en el centro neurálgico de la seguridad energética del siglo XXI.
El cambio de paradigma actual reside en la gestión de estos recursos. Las autoridades congoleñas han comenzado a implementar políticas para maximizar el retorno nacional, como la reforma del código minero de 2019 y el establecimiento de cuotas de exportación para evitar la caída de precios en los mercados internacionales. La suspensión temporal de exportaciones de cobalto en 2025, que logró corregir cuantiosamente la cotización del mineral en los mercados, demuestra una nueva capacidad del Estado para influir en los mercados globales en defensa de sus intereses.
GEOPOLÍTICA E INFRAESTRUCTURAS: UNA COMPETENCIA VIRTUOSA
El valor estratégico de la RDC ha reactivado el interés de las grandes potencias, generando un escenario de competencia que, bien gestionado, ofrecerá oportunidades tangibles de desarrollo para el país. Por un lado, la relación con China se ha consolidado a través de la quinta revisión del acuerdo "Sicomines" en 2024, que compromete inversiones de 5.500 mill.$ en infraestructuras críticas hasta 2040. Este flujo de capital es vital para reducir la brecha logística que históricamente ha frenado el comercio interior. Simultáneamente, Occidente ha renovado su compromiso con la región, buscando asegurar cadenas de suministro fiables. El ejemplo más destacado es el Corredor de Lobito, un ambicioso proyecto ferroviario financiado por Estados Unidos y la Unión Europea. Esta infraestructura, que conecta las regiones mineras de Katanga con el puerto de Lobito en Angola, promete reducir drásticamente los tiempos y costes de exportación, integrando a la RDC en los mercados globales de manera más eficiente y segura, y ofreciendo una alternativa logística a las rutas del este. A ello se suma el reciente anuncio de Catar: un colosal compromiso de inversión de 21.000 mill.$ en agricultura, minería, banca, puertos y apoyo humanitario.
HACIA LA NORMALIZACIÓN EN EL ESTE: LA VÍA DIPLOMÁTICA
Incluso la crisis de seguridad en las provincias de Kivu, que ha sido un lastre histórico para el desarrollo del país, está comenzando a afrontarse con un cambio de enfoque hacia soluciones pragmáticas y diplomáticas. Por primera vez se está intentando resolver el conflicto, que involucra al grupo rebelde M23 y a la vecina Ruanda, a través de negociaciones de alto nivel que buscan atacar la raíz económica de la disputa (si bien las tensiones étnicas continúan latentes). En junio de 2025 se alcanzó un acuerdo de principio, con la mediación de Estados Unidos y Catar, que establece una hoja de ruta novedosa: la integración económica regional y la formalización del comercio de minerales. La lógica subyacente es transformar el contrabando (que financia a grupos armados como el M23, responsables de los elevadísimos niveles de violencia en la región) en un comercio formal, transparente y sujeto a tributación. La propuesta de colaboración económica entre Kinshasa y Kigali, aunque muy compleja de implementar dada la histórica enemistad entre las dos capitales, reconoce la interdependencia de la región de los Grandes Lagos. La firma de acuerdos de paz iniciales y de mecanismos de verificación del alto el fuego, junto con la presión internacional para la retirada de las tropas ruandesas de suelo congoleño, dibuja un escenario donde la seguridad se entiende como un prerrequisito para la prosperidad comercial. La participación de actores globales en la supervisión de estos acuerdos añade una capa de garantía que no existía en procesos anteriores. No obstante, existen todavía grandes dudas sobre cómo se concretará el fin de la violencia.
EL POTENCIAL VERDE Y EL FUTURO
Más allá de la minería, la RDC posee otros activos para convertirse en una "superpotencia verde": alberga la segunda selva tropical más grande del mundo y el 50% de las reservas de agua dulce de África. El potencial hidroeléctrico del río Congo sigue siendo una de las mayores promesas energéticas del planeta, con capacidad teórica para abastecer a gran parte del continente, un recurso que, con la inversión adecuada en infraestructuras de transmisión, podría transformar la economía regional. El camino hacia el desarrollo pleno, indudablemente, requiere perseverancia. La necesidad de mejorar los indicadores de gobernanza, reducir la economía informal y asegurar que el crecimiento macroeconómico permee hacia una población mayoritariamente sumida en la pobreza son tareas urgentes. La RDC quiere cambiar un modelo de economía de extracción pasiva a uno de gestión estratégica de recursos. Para conseguir este salto es clave que la comunidad internacional comparta esta responsabilidad. Con una población de 109 millones de habitantes, un crecimiento económico robusto y una posición central en los esfuerzos de descarbonización, la RDC tiene ante sí la oportunidad de erigirse como un actor clave en las cadenas de valor globales. La próxima década será decisiva para consolidar esta arquitectura de crecimiento. Ojalá nada lo impida
Lidia Candal
Analista Senior de Riesgo País para África Subsahariana