17 may 2026

Sin combustible

La crisis cubana se agravó esta semana con el agotamiento de las reservas de diésel y combustible pesado, esenciales para sostener una red eléctrica ya deteriorada.

El impacto inmediato se traduce en apagones prolongados, restricciones al transporte, presión sobre servicios básicos, mayor parálisis productiva y una respuesta social visible, con manifestaciones en distintos puntos de La Habana. La presión económica también alcanza ahora al comercio exterior: dos grandes navieras internacionales han dejado de aceptar carga con destino u origen en Cuba tras la orden ejecutiva de Trump del 1 de mayo, una decisión que puede afectar de forma severa a las importaciones. Washington combina así sanciones, presión sobre el suministro y una oferta de ayuda humanitaria canalizada por actores no estatales, que La Habana rechaza si implica condicionamientos políticos.

El frente bilateral añade tensión, pero no necesariamente claridad. La visita del director de la CIA, John Ratcliffe, a La Habana confirmó contactos directos en materia de inteligencia, seguridad regional y estabilidad económica, mientras Trump insiste en que puede “dar un vuelco” a la relación de Cuba con Estados Unidos. A esa presión se suma el frente judicial: Washington planea presentar cargos contra Raúl Castro por el derribo de dos avionetas de Hermanos al Rescate en 1996. En paralelo, las acusaciones sobre una posible amenaza de drones desde la isla han elevado el tono estratégico, aunque La Habana las rechaza y denuncia una campaña para justificar más presión. El alcance de esta fase dependerá de si Washington logra convertir la coerción en concesiones políticas y de si el Gobierno cubano consigue aliviar una crisis energética y logística que amenaza la actividad básica del país.

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