18 ene 2026

Japón y Filipinas sellan una alianza militar en medio de las tensiones con China

En un movimiento estratégico que refleja la tensión creciente en el Indopacífico, Japón y Filipinas firmaron el pasado 15 de enero un ambicioso pacto de defensa que permite el intercambio mutuo de suministros militares y servicios logísticos.

El denominado Acuerdo de Adquisición y Servicios Cruzados (ACSA), suscrito en Manila por el ministro de Exteriores japonés, Toshimitsu Motegi, y su homóloga filipina, Theresa Lazaro, facilita que ambas naciones compartan combustible, alimentos, alojamiento y, de manera crucial, municiones durante ejercicios conjuntos y operaciones de respuesta ante desastres. Este acuerdo representa un hito en la cooperación bilateral, siendo el primero de este tipo que Japón firma con un país del sudeste asiático, y llega en un momento de máxima tensión por las reclamaciones territoriales de Beijing en el Mar de la China Meridional.

Además del pacto logístico, el gobierno nipón anunció una ayuda financiera para modernizar la infraestructura militar filipina, incluyendo la construcción de refugios para embarcaciones de vigilancia. Ambos países reafirmaron su rechazo unánime a cualquier intento de "cambiar el statu quo por la fuerza o la coacción", consolidando un eje de seguridad que, junto a Estados Unidos, busca blindar la libertad de navegación en el mar meridional de China. En respuesta, el portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Guo Jiakun, afirmó que la cooperación entre estados no debe "apuntar a terceras partes" ni socavar la paz regional. Beijing acusó a ambos países de revivir una mentalidad de la Guerra Fría al intentar formar un bloque militar para contener a China. China apeló a la memoria histórica, recordando que Japón invadió Filipinas durante la Segunda Guerra Mundial. Beijing sugirió que Filipinas debería ser cautelosa al invitar nuevamente a las fuerzas japonesas a su territorio, calificando las acciones de Tokio como un intento de "remilitarización". Esta reacción se produce en un momento de tensión máxima con la nueva primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, cuya postura firme sobre Taiwán provocó una grave crisis diplomática.

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