21 ene 2024

Los frentes se multiplican

En estos tres meses el conflicto entre Israel y Hamás ha demostrado tener una enorme capacidad para desencadenar acontecimientos inesperados, añadiendo, semana tras semana, nuevos frentes de tensión, donde el número de actores involucrados es cada vez mayor.

Los últimos días han estado marcados por las operaciones llevadas a cabo por Israel e Irán en terceros países. El 16 de enero, el régimen persa atacó con misiles balísticos varios edificios situados en Erbil, la capital del Kurdistán iraquí. La Guardia Revolucionaria afirmó que el objetivo, en el que murieron al menos cuatro civiles, era una sede en territorio kurdo del servicio de inteligencia de Israel (el Mossad). Poco después, Teherán atacó con drones y misiles varias instalaciones, supuestamente pertenecientes al grupo yihadista Yaish al Adl, en la región paquistaní de Baluchistán, en respuesta, según el régimen persa, al multitudinario atentado terrorista del 3 de enero. Irán asegura que sus rivales occidentales están instigando una guerra por delegación a través de grupos yihadistas o de los grupos baluchíes que reclaman la independencia. Estos ataques fueron, por otra parte, una demostración de fuerza, una muestra de la capacidad de Irán de alcanzar objetivos a más de 1.200 kilómetros de distancia. Dos días después, Pakistán llevó a cabo un movimiento similar, y atacó varios objetivos en territorio iraní supuestamente vinculados a la insurgencia de Baluchistán. Tras los ataques cruzados, ambos gobiernos se reunieron de urgencia para resolver la escalada de las hostilidades. En tono conciliador, el gobierno pakistaní expresó, en un comunicado oficial publicado después de la reunión, su disposición a trabajar con “un espíritu de confianza mutua y cooperación”. No obstante, en otro comunicado, Islamabad advertía que cualquier intento de violar su territorio “sería respondido con el poder del Estado”.

Por su parte, Israel atacó el día 20 de enero un edificio utilizado, supuestamente, por la Guardia Revolucionaria de Irán en Damasco, la capital de Siria, en una zona en la que se concentran varias misiones diplomáticas. De acuerdo a la información publicada, varios miembros de la organización persa fallecieron, entre ellos el jefe de Inteligencia de la Fuerza Quds.

Mientras tanto, en el mar Rojo, Estados Unidos asegura haber destruido esta semana varias instalaciones de lanzamiento de misiles de la milicia hutí. Según fuentes norteamericanas, desde el inicio de los bombardeos se ha destruido un tercio de la capacidad ofensiva de los rebeldes.

Por si no hubiera suficientes frentes, también el 20 de enero milicias iraquíes vinculadas a Irán lanzaron un gran ataque con cohetes contra la base estadounidense situada de Anbar, al oeste de Irak, en la que varios soldados norteamericanos resultaron heridos. Así pues, la sucesión de ataques está abocando a la región hacia un precipicio extremadamente peligroso, donde la escalada de la tensión en alguno de los numerosos frentes podría acabar propiciando el peor de los escenarios: un enfrentamiento directo.

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