29 dic 2013

Claves para detectar si tienes empleados defraudadores en tu empresa

¿Tiene su empresa empleados con edades entre 36 y 45 años? ¿Llevan más de seis años en su puesto? ¿Trabajan en el área de finanzas, marketing u operaciones? ¿Tienen alguna responsabilidad directiva? Si ha contestado sí a todas las peguntas anteriores debe ponerse en guardia, ya que estamos hablando del prototipo más habitual de defraudador. Así lo asegura un informe publicado por la consultora KPMG en que asegura que las pérdidas por fraude empresarial en todo el mundo hacen perder a las empresas más 2,5 billones de euros, una cantidad muy parecida a toda la economía alemana junta o, lo que es lo mismo, al 5% de PIB mundial. Sólo en España las pérdidas superan los 50.000 millones. A priori, podría parecer que este es un problema de las grandes corporaciones, pero nada de eso. "Afecta por igual a grandes que a pequeñas empresas. Con la proporción adecuada a cada una de ellas, eso sí", asegura Ángel Requena, socio del área de Forensic de KPMG. En realidad, la mayor motivación para cometer fraudes empresariales es la insatisfacción del trabajador con su remuneración, un problema que se ha agravado con la crisis financiera y que ha afectado a empleados de la mayoría de las empresas independientemente de su tamaño. Pero lo más alarmante de la situación es que si esto es posible, en la mayoría de los casos se debe a fallos en los sistemas de control de la propia empresa. Y cuando se trata de pymes influye la permisibilidad y confianza de la que gozan los directivos medios. El informe habla de un triángulo de motivaciones que propician estas conductas: Oportunidad, Motivación y Racionalización. De ellos, sólo la racionalización queda en el lado del empleado, ya que se refiere a la capacidad de este mismo de autoconvencerse de que lo que está haciendo no es tan malo y que sus circunstancias personales lo merecen.  En las otras dos, la empresa puede tomar decisiones que las anulen o, al menos, las neutralicen. En cuanto la motivación, está claro que los empleados bien remunerados siempre están más contentos en la empresa. Según el estudio realizado por KPMG, la sensación de cobrar poco es la principal motivación para defraudar a la empresa.  A veces, las finanzas de la empresa hacen inviable la subida de sueldos. Es más, en los últimos años en muchas compañías lo que se ha aplicado es todo lo contrario: ajustes y rebajas. Pero curiosamente, los expertos de KPMG aseguran que "no ha habido un incremento de los fraudes con la crisis". Para evitar estas situaciones conviene recordar que la sensación de estar bien remunerados cada vez está menos ligada a la cuantía económica. Es decir, hay mecanismos que permiten estimular la implicación de los empleados con la empresa sin incrementar el gasto en nóminas. Según los expertos lo que más efectividad tienen en los últimos años es la flexibilidad laboral. Evitar las políticas de horarios fijos, máquinas de fichaje innecesarias, en definitiva confiar en que los trabajadores van a cumplir con sus tareas. Otra de las claves para desactivar la motivación al fraude es crear un buen ambiente en el centro de trabajo.  Esto se consigue a base de facilitar la comunicación y la interacción entre compañeros y directivos. Si un trabajador insatisfecho tiene cauces para canalizar sus problemas laborales será más complicado que se dedique a urdir planes en contra de su empresa. Pero en caso de que todo esto falle, lo que no debe fallar es la red de seguridad. "Los empleados defraudan porque pueden hacerlo", aseguran en KPMG. Es lo que ellos llaman la oportunidad. Como se ha comprobado en el estudio, son los cargos directivos los principales defraudadores y eso es porque en la mayoría de las empresas no hay suficientes controles sobre este perfil de trabajadores.  Por ejemplo, con la crisis se han establecido medidas de control de gasto en la mayoría de las empresas para evitar el uso indebido de taxis, compras de material de oficina sin justificar... Pero esas medidas de control son inversamente proporcionales al escalafón jerárquico de mando. De forma que mientras el trabajador de a pié tiene prohibido tomar un taxi, al ejecutivo apenas se le controla el gasto de gasolina del coche oficial.  O lo que es peor, los controles se establecen entre dos compañeros. Es decir, la autorización de los gastos debe llevar siempre dos firmas, y las personas encargadas de esas firmas son siempre las mismas. El estudio ha confirmado que en la mayoría de los casos, el fraude se hace en connivencia con  otros compañeros. Por ello, los expertos de Forensic de KPMG aconsejan que los sistemas de control y las personas cambien habitualmente para evitar dar la sensación de confort a los posibles defraudadores y dejar claro que la investigación sorpresa puede llegar en cualquier momento. El objetivo de la empresa debe ser alejar lo máximo posible la sensación de que la oportunidad de defraudar está sobre la mesa y además es fácil.

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