15 nov 2015

5 aspectos de la personalidad de los emprendedores que les pueden hacer fracasar

La mayoría de las aventuras empresariales fracasan. Eso es un hecho demostrado por las cifras que indican que tres de cada cuatro proyectos acabará claudicando. ¿A qué se debe ese alto porcentaje? Pues, por desgracia, la respuesta está en los propios emprendedores. Todos nos pensamos que tenemos el espíritu y la carisma necesarios para convertirnos en empresarios. Por desgracia, los acontecimientos nos dan de bruces con la realidad. Los sueños, sueños son y se necesita mucho más para triunfar en un mercado que se mueve a velocidad del rayo.   Pero este post no busca regodearse en la desgracia. El objetivo es muy diferente. Lo que vamos a tratar de mostrar a continuación son las causas espirituales que muchos hombres de negocios llevan en su interior y que pueden llevar al cierre del negocio. De usted depende no sucumbir a esos temores. Si los supera, tenga por seguro que habrá dado un paso de gigante para convertirse en un emprendedor con todas las letras.   Tener miedo. El miedo es un compañero de viaje muy complicado para cualquier aspirante a convertirse en empresario. No hay que tomárselo a la ligera, ya que la primera evidencia de su existencia es precisamente la negación. Por eso, el primer paso para superarlo pasa por aceptar que está en nuestro interior. Todo el mundo tiene miedo en alguna ocasión. La clave consiste en superarlo y actuar en consecuencia. Si no, será capaz de detener la mayoría de nuestros actos.   Si usted piensa que es una persona valiente que jamás ha tenido pánico a nada, eche un vistazo a su interior e identifique si alguna vez ha sentido alguna de esas actitudes: indiferencia, indecisión, duda, preocupación, dilación, falta de ambición, celos... Si la respuesta es afirmativa, usted tiene miedo a alguna circunstancia que pretende esconder. No lo haga. Como ya hemos comentado la mejor forma de librarse de este pésimo compañero pasa por reconocer que es lo que nos asusta en nuestra toma de decisiones empresariales. Unas veces será temor a la verdad. También nos suele dar pánico admitir nuestros propios defectos, como la vergüenza. En otros casos el freno será el propio miedo al éxito o al fracaso. Sea como sea, descúbralo, supérelo y actúe.   Creerse mejor de lo que se es en realidad Querer hacerlo todo uno mismo y pensar que es un experto en todo lo que necesita una empresa es otro de los errores habituales que llevan a los emprendedores directos al fiasco. Una de las virtudes básicas de todos esos empresarios con cuentas corrientes millonarias es precisamente saber delegar. Descubrir cuáles son sus virtudes y explotarlas. En cuanto a la carencias, que todos tenemos, lo mejor es fichar a algún especialista que seguro que hará mejor que uno mismo.   Si usted es capaz de crearse un equipo de gente talentosa alrededor con el que sea capaz de cubrir todos los frentes que tiene una pyme habrá dado un paso de gigante para obtener réditos a largo plazo. Si no, es probable que su ingente trabajo no sirva para nada.   Falta de perseverancia Otro hecho. Si usted está convencido de que su primera experiencia en el mundo de los negocios será la que le llevará al Olimpo, o que cualquier startup que cree triunfará, olvídese. Lo normal en un emprendedor es que el fracaso le acompañe en alguna ocasión. Eso no importa. Lo importante es ser capaz de aprender del error, levantarse y poseer las agallas para edificar otro sueño que cuente con unos cimientos más sólidos. Esto es algo que tienen muy claro en Estados Unidos. Allí, y en el resto de países anglosajones, el fiasco empresarial no está mal visto, sino todo lo contrario. En España no es así. Si alguien se equivoca se le clava la tapa del ataúd.   A pesar de ello, un empresario no debe desanimarse cuando se equivoca. Quizá su primer intento no sirva, ni el segundo. Y puede que tampoco el tercero o el cuarto. Pero puede que el quinto proyecto sea el definitivo. Un emprendedor necesita un esfuerzo permanente para alcanzar la meta. Es decir necesita insistir y perseverar.   Nunca dejar de aprender Si usted quiere tener éxito en la economía actual en la que todo se mueve a la velocidad del relámpago, no debe olvidarse de invertir en sí mismo. La formación no acaba cuando abandona la facultad o la escuela de negocios. Las materias evolucionan y si su trabajo como empresario le obliga a prescindir del aprendizaje seguro que en poco tiempo se habrá quedado atrás. Esta circunstancia llevará a la empresa al fracaso. Y más si está en algún sector, como el tecnológico, donde todo fluye como un torrente. Jamás debe creerse profesor. Si quiere que el triunfo le acompañe nada mejor que seguir pensando que usted es un alumno.   No ser productivo En España es muy normal alabar a una persona que se pasa el día entero en la oficina y criticar a aquel que sale corriendo cuando acaba su horario. Nadie se fija en el trabajo que hacen. Si los dos son capaces de terminar sus labores a tiempo es evidente que la persona más productivo es la del segundo ejemplo. En el caso de los emprendedores es lo mismo. Su objetivo es ser eficiente y organizado. Márquese unos objetivos y cúmplalos siempre que pueda. Y no se olvide de guardar tiempo para usted y los suyos. Siempre que se deja de lado a la familia, el resultado suele ser el fracaso empresarial.

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