01 abr 2014

De exjefe a cliente

En muchas ocasiones, un emprendedor suele responder a una persona que ha estado trabajando por cuenta ajena durante muchos años y que en un determinado momento de su vida decide que prefiere ser su propio jefe. Esta decisión es muy difícil de tomar, ya que se pasa de tener una nómina fija todos los meses a embarcarse en una aventura de incierto final. Pero el que lo hace suele ser una persona mucho más realizada, que la que permanece a la sombra de otros durante toda su vida laboral. Ahora bien. Una vez que llega ese momento, la pregunta que viene a continuación es obligada: ¿dónde empredo? ¿qué pongo en marcha? Lo normal es que si uno ha sido, digamos, consultor toda su vida haya visto un hueco de mercado que no está cubierto y piense que un negocio propio, atacando ese nicho, podría darle importantes beneficios. Además hay que tener en cuenta que uno es experto en lo que ha hecho durante años por lo que no salirse del sector que se controla es una importante ventaja competitiva para cualquier emprendedor. Cuando ya se tiene claro lo que se quiere hacer llega el momento de decir adiós al trabajo que se tiene, a la empresa que te ha dado de comer durante años y a los jefes, tanto buenos como malos. En España se tiene la idea de que cuando uno se va no debe traer consigo rémoras del pasado. Por tanto, no tiene demasiada importancia las maneras en las que huyas de tu empleo anterior. Eso es un error de bulto. Ya que la empresa que se está dejando puede convertirse en un activo, incluso un cliente, que será clave para el despegue de nuestro futuro negocio. En otras palabras, su antigua compañía y su antiguo jefe pueden convertirse en sus mejores aliados. Pero, ¿cómo se consigue ese grado de sintonía con la gente que se abandona hasta llegar el punto de poder pasarles facturas? Pues es sencillo. Para lograrlo nada mejor que seguir estos cuatro sencillos pasos. Nunca perder el respeto. Lo que interesa es que en su antigua empresa piensen que mientras usted ha estado con ellos ha trabajado duramente en pos de conseguir los objetivos. Pues bien, eso no se puede lograr si durante los últimos meses de estancia la calidad de su trabajo ha disminuido porque usted estaba con la mente en otras cosas. Obviamente tampoco es recomendable contactar con clientes de la compañía para tratar de convencerles de que se pasen a su nuevo negocio por las ventajas que usted considere oportuno ofrecerles. Ese tipo de acciones van en contra de su reputación y le granjearán un molesto enemigo en sus antiguos compañeros. La solución para evitarlo es olvidarse de los clientes hasta que no abandone su puesto de trabajo y trabajar en su nuevo negocio fuera del horario laboral. Tampoco es buena idea marcharse de malas formas de la antigua firma, aunque tenga motivos para ello. Guárdese el orgullo y abandone el barco como un caballero. Si su negocio funciona y, además, le puede colocar unas facturas a sus antiguos verdugos, logrará la mejor de las venganzas. Cuando se vaya a ir hable con sus jefes y comparta sus planes. Si un presidente se entera de que va a surgir otra firma que le hará competencia dentro del mismo sector puede preocuparse por la fuga de clientes al proporcionar ambas corporaciones un servicio idéntico. Por tanto, si quiere ganarse la confianza de esas personas, comparta su idea, y si hay demasiadas coincidencias trate de llegar a un acuerdo amistoso. Es la mejor manera de poder contar con esa amistad de cara al futuro inmediato. Ayude en todo lo que pueda. En muchos casos la salida de un empleado para crear un negocio propio suele dejar proyectos inacabados en su actual puesto laboral. Por tanto, al abandonar la nave puede ofrecerse para acabar esos trabajos durante un periodo de tiempo limitado que dé tiempo a sus antiguos empleadores a encontrarle un sustituto. Esa será una de las claves para tener una buena relación de futuro. Además, quién sabe, quizá a sus antiguos jefes les siga pareciendo bien que usted les haga el trabajo aunque esté fuera de la firma. Esos son ingresos, algo que no puede desaprovechar una pyme recién nacida. Pídales ayuda. Si usted ha cumplido los pasos anteriores estará en condiciones de hasta pedir a su antigua compañía que le ayude en determinadas circunstancias. Nadie lo sabe todo y puede que en ellos encuentre ese contacto que le falta y que le sirva para salir adelante. Siempre que los dos negocios no coincidan en su totalidad, puede tratar de llegar a este tipo de relación. Un ejemplo sería el del consultor del principio del post. Imagine que usted ha visto que los servicios que da su firma a multinacionales se podrían dar a pymes y decide crear una firma aparte. Eso no le supondría un problema a sus antiguos jefes, ya que van dirigidos a clientes diferentes y podría suponer una gran ayuda para su aventura empresarial.
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