10 abr 2017

Cómo escapar del concurso de acreedores

Detectar la crisis pronto, fundamental

No es nada raro ver cómo un proyecto empresarial viable y con potencial pasa por procesos difíciles, de falta de solvencia, que acaban desembocando en el indeseado concurso de acreedores. Con el fin de arrojar algo de luz y de ofrecer consejos válidos al respecto, la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) y el Consejo General de Economistas (CGE) acaban de publicar la Guía de actuación de la empresa ante la insolvencia. Este documento tiene como objetivo ayudar a pymes y autónomos a buscar soluciones ante un proceso de crisis de estas características. Y lo hace abordando todas sus fases, empezando por la detección de la insolvencia. Según el texto, siempre es más fácil salvar un negocio si se detecta de forma temprana un futuro lleno de impagos. De esta manera se pueden implementar medidas correctoras y planificar un cambio de rumbo que mejore la situación. Para ello es importante saber discernir entre solvencia (cumplir con los compromisos de pago) y viabilidad (que puede generar en el futuro los recursos suficientes para mantener su actividad).

Reconducir el negocio y evitar el concurso

Si la compañía no es solvente pero sí viable, una buena solución para salir adelante está en reorganizarla y reestructurarla internamente, y reconducir su estrategia de negocio. Por otra parte, también sería conveniente negociar con los acreedores y empleados acuerdos extrajudiciales o concursales. Una vez retomada la situación de normalidad, y con el fin de recobrar la reputación perdida de cara a los clientes, una buena solución sería la de contratar un seguro de caución que garantice los pagos de nuestra corporación. Tampoco sería descabellado incluir en los presupuestos anuales la contratación de un seguro de crédito que nos evite pasar por el trance de que nuestra compañía pase a ser insolvente por culpa de la morosidad.

Más vale prevenir

Entre las recomendaciones del documento de la CEOE está el de aprovechar la época de vacas gordas para prepararse ante posibles crisis, estableciendo sistemas adecuados de control económico-financiero, así como un sistema de alertas ante riesgo de insolvencia futura. Es importante estar pendiente de descensos significativos en la cifra de negocios o en los márgenes; observar si existe un abandono del proyecto empresarial por parte de determinados directivos, especialmente los directores financieros; estar pendiente de cambios regulatorios en el sector en el que se enmarque el negocio; detectar pérdidas de concesiones administrativas o distribuciones; retrasos en los pagos a los acreedores o en el cobro de clientes; y, por supuesto, preocuparse cuando no se puedan renovar las pólizas de crédito. Contar con un buen presupuesto de tesorería puede ayudar a superar con menor dificultad los momentos de crisis y la posibilidad de llegar a un concurso. Éste supone la conversión de la información contable del presupuesto de la compañía en previsión de flujos de caja, que son los que permiten una adecuada gestión del circulante y de las necesidades de inversión, así como minimizar los costes financieros. Por otro lado, la guía recomienda prestar atención a la gestión de las existencias, del crédito a clientes y de la financiación recibida de los proveedores, con el fin de conocer de antemano potenciales variaciones en el capital circulante. Tomar las precauciones debidas no sólo evitará crisis y concurso de acreedores o, incluso, quiebras indeseadas, también sanciones a aquellos empresarios que hayan sido negligentes y cuyas (malas) decisiones hayan provocado o agravado una situación de insolvencia. La normativa concursal establece en estos casos que se inhabilite al profesional responsable durante un plazo que puede oscilar entre los dos y los quince años. Esto incluye no sólo al empresario de turno, también a sus administradores, liquidadores, apoderados o, incluso, a los socios responsables de malas praxis. De hecho, todos ellos pueden ser condenados a satisfacer a los acreedores todos o parte de los créditos que resulten incobrables.

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