05 may 2021

Los fondos europeos dirigen a España al top-ten de economías globales

España acabará 2021 como decimocuarta economía global. Pero a 400.000 millones de dólares de la novena, Canadá. Una brecha que ya corrigió entre 2000 y 2006.

La revisión de primavera del FMI, con sus predicciones de crecimiento para 2021, otorga al PIB global un valor de 93,86 billones de dólares. A precios actuales del billete verde. EEUU sigue ostentando, bajo este parámetro con 22,6 billones de dólares, el indiscutible cetro global. A continuación, con 16,6 billones de dólares, le sigue China, que superó a Japón en 2010, tras el credit crunch, en el segundo escalafón por dimensión económica. El PIB nipón, que registrará al término de 2021, según el FMI, un valor de 5,3 billones, se instala con comodidad en el pódium. Por delante de Alemania (4,3 billones); Reino Unido (3,1 billones) y de India (3 billones). Francia, con 2,9 billones de capacidad productiva anual, cerraría el séptimo puesto.

La presente radiografía de situación del FMI deja las puertas abiertas a cambios de calado en cuanto a la dimensión de las principales economías. No tanto entre las siete que, según la concepción primigenia del G-7, deberían ejercer los mandos de este club, sino entre las siete perseguidoras. Porque entre Italia, la octava en discordia (con 2,1 billones de dólares) y la decimocuarta, España, con 1,46 billones, las brechas de sus PIB podrían revertirse en apenas un ciclo de negocios. Sobre todo, si, como se aventura con el escenario post-Covid, el despegue de la actividad, que parece inminente, a juzgar por la evolución de las campañas de vacunación y el cuadro predictivo, cargado de crecimiento, del FMI y el resto de instituciones multilaterales y la previsión de consenso del mercado, surge con virulencia y se consolida en los próximos años.

Entre otras razones, por las disrupciones que los expertos atisban también en la prolongación de los ciclos y en la intensidad del dinamismo y de la creación de empleo. En este contexto, por ejemplo, las perspectivas sobre la economía española la generan un viento de cola notable. Al menos, sobre la mesa. No solo por recibir, junto a EEUU, la previsión de mayor vigor este año -un 6,4%- sino por el efecto balsámico de los fondos de recuperación europeos.

Los 140.000 millones de euros del cheque al portador español procedentes del Next Generation EU, son un combustible de un calibre superior a las inversiones ideadas por Canadá (cuyo PIB concluirá el año con 1,8 billones) para el trienio en curso, valorados entre 70.000 y 100.000 millones de dólares (entre 58,3 y 83,1 billones de euros). Y un arsenal que impulsaría al PIB español, al menos durante los primeros ejercicios del ciclo económico, por encima del brasileño (1,49 billones), el que le antecede en la clasificación, después de llamar a las puertas del G-7 en los primeros años de la década pasada, cuando se produjo el decoupling -o desacoplamiento- trianual entre los grandes mercados emergentes y las potencias industrializadas, debido, entre otros condicionantes, pero gran medida, a que las siete socios del club registraron su primera recesión sincronizada. Y recuperar el terreno perdido con la australiana (1,61 billones), al que los expertos del FMI otorgan un alza media del 2,5% hasta 2025, o incluso Rusia.

El PIB ruso, con 1,7 billones, en el décimo peldaño global, tiene, a los ojos del Fondo, una hoja de ruta del 3,8% de crecimiento en 2021 y 2022 para bajar su ritmo en los ejercicios posteriores. Aunque de los siete países que navegan a la estela de las siete mayores potencias, el gran vencedor sería, una vez más, como viene siendo habitual desde el inicio de este siglo, Corea del Sur, convertida en uno de los mercados más vanguardistas en tecnología y digitalización y el, quizás, mejor botón de muestra de la trascendencia de la Formación Profesional como sustento de una economía con altos componentes tecnológicos y que ha protagonizado, gracias a ello, una extraordinaria fase de reconversión industrial, generación de empleo e incremento de los ingresos per cápita; amén de haber sido capaz de elevar el censo de grandes multinacionales. El mayor de los tigres asiáticos (con un PIB de 1,8 billones de dólares) está llamado a tutear a Italia y de aproximarse a Francia en el ciclo de negocios post-Covid. Es, sin duda, el hándicap de mayor complejidad de superación para la economía española entre las que la anteceden por tamaño. Porque el brasileño, bajo un continuo receso la década pasada y con no muy buenos augurios a medio plazo (el FMI le concede un alza del 3,7% este año y del 2,6% en 2022) tendrá dificultades para seguir la estela del ciclo económico en ciernes. La mayor economía de América Latina antecede en el decimotercer puesto, a la española que, a su vez, supera en el escalafón a la segunda de la región, México, con un valor de 1,19 billones de dólares.

En este contexto, el acicate español a medio y largo plazo, resulta, pues, de especial notoriedad. Un desafío histórico. De los que no suelen prodigar en el tiempo. Aunque no el primero. Porque en 2007, el último de los ejercicios de bonanza previo al tsunami financiero surgido de la quiebra de Lehman Brothers, en septiembre de 2008, España se convirtió en la octava economía global. Por encima de Canadá, novena, y con China ya intercalada, como cuarta, entre las siete mayores del planeta. La certificación oficial no partió solo del FMI, sino también de las agencias de rating como S&P, que otorgaban a la economía hispana la triple A, su máxima calificación. La llegada masiva de fondos estructurales y de cohesión europeos propició que el PIB español pasara desde los 100 billones de pesetas en 2000 -en los albores del euro -algo más de 600.000 millones de euros-, a rebasar la histórica frontera del billón de euros al término de 2007. Lo que la condujo a superar, con datos de 2006, a Italia en PIB per cápita o a instalarse cinco puntos por encima del promedio de la UE. Acontecimiento que volvió a suceder con el país trasalpino en 2018. Eran los tiempos en los que las empresas españolas clamaron por la inmediata incorporación del país al seno del G-7. Amparadas, además, por la condición de sexto inversor internacional. Y a pesar de sus rémoras; en esencia, el profundo déficit comercial, la falta de competitividad y la leve productividad derivada de la brecha tecnológica. Escenario que se vio interrumpido por el credit crunch de 2008. 

El Plan de Recuperación español, que incluye la llegada y canalización de los 140.000 millones de euros a España -72.000 son ayudas directas- en esta dirección, proyecta unas predicciones de crecimiento adicional del PIB por los recursos europeos de dos puntos anuales al PIB, además de crear 800.000 empleos. De cumplirse, en 2024, el PIB hispano estará en condiciones de superar en casi 10 puntos su nivel previo al inicio de la epidemia. Cifra que superaría la tercera parte de la brecha con Canadá.

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