03 sep 2013

¿Quieres emprender? Aprende de los refranes

¿Decir refranes es decir verdades?. O ¿cien refranes, cien verdades?. Son sólo dos ejemplos de una sabiduría popular que ha calado a lo largo de los siglos y que demuestran que lo que dicen tiene mucho de cierto. En ocasiones, enseñan. En otras, aconsejan. Eso sí, sus palabras siempre están basadas en la experiencia y en la observación. Algunos aluden a la vida. Otros al trabajo. Por eso, hemos seleccionado unos cuantos que pueden servir a aquellos que se lanzan al emprendimiento. No en vano, el refranero es la sabiduría de la experiencia.

-El que algo quiere, algo le cuesta. Y no se trata sólo de dinero. A la hora de emprender, de conseguir lo que se anhela, son condiciones indispensables el trabajo y el tiempo, el coraje y la paciencia, el esfuerzo y el riesgo. Porque Zamora no se ganó en una hora. Si se aplican estos principios, se alcanzará la excelencia. La época de los pelotazos, de ganar dinero fácil gracias al ladrillo, ha quedado atrás. Se necesita lucha y sacrificio para alcanzar lo que se desea. Momentos difíciles, quizá vastos desiertos que atravesar, o cumbres complicadas de coronar, pueden estar a la vuelta de la esquina. Pero, ya se sabe: cada rosa tiene sus espinas.

-Imita a la hormiga, si quieres vivir sin fatiga. Un día sí, y otro también. Incansable, la hormiga es sinónimo de esfuerzo. Un trabajo minucioso y constante. Y es que sin tesón, sin perseverancia, sin tenacidad, nada se consigue. Y el mejor ejemplo es la fábula de la cigarra y la hormiga. Mientras que la primera, en la época estival, cantaba y bailaba, la segunda se esforzaba día y noche para tener la despensa llena para cuando llegara el invierno.

-Los experimentos, con gaseosa. A la hora de embarcarse en aventuras empresariales, conviene medir muy bien los riesgos. Porque, realmente existen. Y no son ni uno, ni dos, ni tres. Si no se hace a conciencia, es posible acabar en el fondo del mar.

-No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. En el caminar del emprendedor siempre surgen imprevistos, nuevos problemas, situaciones que no se esperaban pero que llegan. Si uno está al día de sus quehaceres, podrá afrontarlos con mayores garantías. Si no, la suma de tantos imponderables acabará siendo tan alta como el Everest. Y la caída será tremenda.

-Cuando una puerta se cierra, cientos se abren. Si el proyecto no funciona, no hay que desesperarse. Hay que saber reconvertirse, reinventarse, renacer cual Ave Fénix de las cenizas y dar un paso más al frente. Fracasar no es sinónimo de hundimiento, sino todo lo contrario. Es experiencia que servirá para afrontar con mejores garantías un nuevo proyecto.

-No hay mejor lotería que el trabajo y la economía. No hay que esperar al 22 de diciembre de cada año para ver si uno es el afortunado con el Gordo de la Lotería. Hay que confiar en el propio esfuerzo y en el talento y dejarse de quimeras. Porque, valga la licencia, con trabajo y ahorrando, la vida va marchando.

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