09 may 2024

La clase media americana volverá a decidir al inquilino de la Casa Blanca

No es el único estrato social determinante. Pero las rentas medias y su oscilante voto resolverán el empate que se aprecia a 6 meses vista de las presidenciales en EEUU.

Diego Herranz - Colaborador de Asesores de Pymes externo a Cesce

 

En el subconsciente colectivo estadounidense ha calado y se identifica a la clase media como la más genuina representante del Sueño Americano. Por eso es, sin duda, tan relevante su decisión de voto en unas elecciones presidenciales. Siempre ha sido así. La historia es redundante. Pero no por ello resulta esencial la percepción del 52% de los 255,4 millones de estadounidenses con derecho a voto, según el último censo oficial, que en los últimos dos decenios -tal y como alertan numerosos sondeos de opinión- declara pertenecer a ese vasto grupo residentes con ingresos intermedios. Frente a solo el 1% que dice gestionar grandes fortunas y el 10% que reconoce ser de clase baja. 

Al margen de la estadística, el ciudadano medio americano -y su ámbito familiar y empresarial- volverá -as always- a inclinar la balanza de los comicios presidenciales. O, dicho de otra manera: su sufragio valdrá su peso en oro para conocer si el primer martes después del domingo inicial de noviembre elegirá a Joe Biden o a Donald Trump como su 47 jefe del Estado. Cada voto cuenta en una carrera lanzada incluso antes de marzo, cuando ambos aspirantes lograron la nominación de sus respectivos partidos, porque las encuestas apuntan a que las espadas están en alto y a una lucha encarnizada en la arena política entre demócratas y republicanos. Y la preocupación que más deambula por la mente de la clase media americana es la inflación.

Con la primera economía mundial como ejemplo de resiliencia global, como acaba de enfatizar el FMI, a pesar del breve periodo el receso técnico, en el primer semestre de 2023, la persistente espiral de precios amenaza con diluir el Bidenomics, la estrategia del Tesoro de Janet Yellen que se ha convertido en el estandarte de la Administración Biden. Gestado a partir de un extenso y efectivo abanico de subsidios avalados por los 465.000 millones de dólares que contempla la Inflation Reduction Act (IRA), destinados a catapultar las energías renovables en sectores claves para la transición hacia las emisiones netas cero de CO2 o por los 280.000 millones para impulsar la relocalización de centros fabriles de semiconductores que impulsa Chips and Science Act entre otras medidas.

Sin embargo, aunque el PIB de EEUU ha liderado durante la segunda mitad del pasado año y la primera de 2024 el dinamismo de las potencias industrializadas, la inflación puede pasar factura a la reelección de Biden. Así lo refleja Vincent, un comercial de material médico-sanitario de 29 años que prefiere no desvelar su identidad y que reconoce a Business Insider alcanzar una renta anual de 130.000 dólares en 2023 y por encima de los seis dígitos –“mi sueño de juventud”, dice- desde el final de la Gran Pandemia. Hasta el ecuador de la Administración Biden “me encontraba en el nirvana financiero, con capacidad para pagar la hipoteca de mi casa, tomarme vacaciones una vez al año y disfrutar de salidas nocturnas a cenas o de fines de semana” fuera de su ciudad, Santa Bárbara, en California, cuyo coste de vida está un 65% por encima del promedio federal.

Sin embargo, la inflación, aún por encima de los umbrales que la Reserva Federal entiende como necesarios para emprender el aterrizaje controlado de los tipos de interés más elevados desde el inicio del siglo -entre el 5,25% y el 5.50%- empieza a hacer merma en sus ingresos y posterga -asegura- su decisión de tener hijos. Vicent se siente clase media. O, para ser más exactos, pensó en encaramarse a ese grupo de personas con emolumentos superiores a los 145.500 dólares al año que, para el Pew Research Center, una firma demoscópica, marca la psicológica barrera de la clase media con el sueño americano cumplido, y muy por encima de los 48.500 en los que se enmarcan quienes aspiran en un plazo relativo de tiempo en alcanzar esta meta.

Pero ahora “tendré con alcanzar un ahorro adicional de 10.000 dólares durante los seis o siete próximos años para corregir los efectos que la inflación está ocasionando en mi patrimonio”. No es el único que se queja de esta rémora. En Redfield & Wilton, empresa de investigación y datos de mercado, su economista jefe, Eoin Sheehan, asegura que los trabajadores y profesionales de EEUU “no sienten que la fortaleza de su economía tenga traslación en sus retribuciones”. Más bien al contrario, consideran que la carestía de los bienes y servicios esenciales y de sus gastos excepcionales han distorsionado su planificación financiera y que estas embestidas del IPC están retrasando a conciencia el abaratamiento del dinero que debería emprender la Fed. 

Un sondeo de Northwestern Mutual y de Primerica habla de “ansiedad económica” en la clase media americana y de situaciones económicas personales que califican de “no muy buenas” o de “pobres”. Más en concreto, la mitad (el 51%) identifican a la inflación como el gran obstáculo para alcanzar su seguridad financiera mientras que el 67% cree que su poder adquisitivo ha caído por debajo del coste de la vida. 

A seis meses de las elecciones, la imagen de Biden como defensor de las instituciones y las clases medias americanas ofrece vulnerabilidades y la inflación es una de ellas. Varias encuestas, todas ellas muy ajustadas en sus desenlaces de voto, así lo atestiguan. La del Morning Consult ofrece, de hecho, un empate entre ambos, con un apoyo del 43% cada uno, mientras la de RealClear otorga una ventaja de 1,5 puntos a Trump que vencería en la de Harvard-Harris por un 52-48 a su rival demócrata que, en cambio, supera por 50-48 al ex presidente en la de NPR/PBS Marist por el respaldo que obtendría la candidatura independiente de Robert F. Kennedy Jr. 

Con desenlaces todavía más ajustados en siete estados pendulares, cuyo resultado puede oscilar sobre uno y otro la victoria final. Arizona, Georgia, Michigan, Nevada, Pennsylvania, Carolina del Norte y Wisconsin, con sus más o menos ajustadas evoluciones de precios, tendrán una palabra esencial en la cita presidencial con las urnas de noviembre.       

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