25 feb 2013

¿Cómo lograr que un negocio sobreviva a los relevos generacionales?

Cuando un emprendedor pone en marcha una empresa, busca un medio de vida con el que dar de comer a su familia. Cuando lo consigue, su gran ilusión es que sus descendientes continúen con el negocio familiar. Eso es lo que en el mundo de la empresa se llama relevo generacional. Y es la principal causa por la que las grandes empresas desaparecen. Incluso las que van bien. Nada puede arreglarse cuando existen desavenencias entre los socios, sean de la familia o no, lo que origina que solo el 30% de las empresas llegue a la segunda generación. Si seguimos con esta regla, nos encontramos que solo una de cada diez empresas sobrevive al paso de la tercera generación (la de los nietos) a la cuarta. Para evitar que esto pueda ocurrir en los nuevos negocios montados por los emprendedores, no queda más remedio que conocer por qué es tan complicado el relevo generacional y qué soluciones se pueden poner en marcha para anticiparse a los problemas. Los problemas del relevo generacional. Lo más complicado para una empresa es el paso que va de la primera a la segunda generación. Esto es debido a que en los comienzos de la actividad empresarial, el fundador ejerce de dictador, ya que acapara todo el poder. Por tanto, cualquier decisión que la compañía tenga que tomar debe contar con su visto bueno. Pasar de ese modelo dictatorial o monárquico a una especia de aristocracia, que es lo que implica la llegada de la segunda generación, supone una trasformación tremenda. He aquí el motivo por el que solo el 30% de los negocios sobreviven a este cambio. El siguiente paso, el que lleva de la segunda generación (la de los hijos) a la tercera (los nietos y sobrinos) no suele ser tan brutal. El motivo principal es que se suele tratar de un relevo entre hermanos, que cuenta con la ventaja de que los protagonistas del mismo poseen una misma educación, y han sufrido codo con codo los vaivenes empresariales. Pero con los años, la cosa se va complicando hasta llegar al segundo momento más crítico en la historia de una empresa. El paso de la tercera generación a la cuarta. A estas alturas de la película, la gestión de la compañía está formada por hermanos, primos, parientes, lo que convierte en inviable una sucesión. Es en este momento cuando se deben poner en práctica las soluciones, previamente suscritas, para asegurar la supervivencia de la empresa. Las medidas preventivas Solo existen tres soluciones para asegurar el futuro de cualquier empresa:

- Crecer a la misma velocidad que lo hace la familia. Se trata de una tarea difícil, ya que implica muchas inversiones y muchos riesgos. Pero solo creciendo de forma exponencial y ampliando la cartera de negocios de la saga familiar se puede dar cabida a las inquietudes de todos los nuevos miembros (primos, parientes, nietos, etc.) presentes en el accionariado de la compañía. Esta es la solución que ha seguido, por ejemplo, la firma textil catalana Sedatex, fundada a finales del siglo XIX. Sus dueños, la familia Pich han ampliado sus negocios al campo inmobiliario con lo que todos los miembros de la saga tienen la posibilidad de ostentar algún puesto directivo.

- La poda del árbol. Esta solución implica que una rama de la familia compra las acciones al resto de parientes o primos, con lo que se refunda la empresa. Fue la solución que adoptaron en Laboratorios Uriach, una firma farmacéutica catalana con cerca de 200 años de vida, creadores de medicamentos como la Biodramina o el Aero-Red, y que les ha permitido continuar con el negocio. De hecho, la empresa debería estar en manos de la quinta generación. Pero la poda del árbol ha implicado que sea la segunda (los hijos del comprador de las acciones) la que continúe con el negocio.

- El protocolo familiar. Es la solución más utilizada por las empresas más antiguas de España (Codorníu, Osborne, González Byass, etc.) y consiste en un documento que firman todos los accionistas y en el que se establecen unas normas de buena convivencia. Lo habitual es que el acuerdo busque la profesionalización de la empresa, alejando, o limitando, el acceso a la gestión de la empresa  a los miembros de la familia. Un buen ejemplo es el de la empresa más antigua de España, Codorníu, con más de 350 años de vida. La mítica cava catalana de la familia Raventós, solo permite que cuatro miembros de la familia (conviene recordar que en actualidad hay más de 200 accionistas familiares) pueda acceder a puestos de gestión en la empresa. En Osborne son todavía más restrictivos, ya que solo se permite el acceso a la gestión a dos miembros. Además de estas medidas, que son las preferidas por los emprendedores familiares de toda la vida, está sacar la empresa a Bolsa, pero dejando la mayoría accionarial en manos de la familia. Una solución que, por norma general, suele terminar con la empresa en manos de fondos de capital riesgo. ¿Ejemplo? Chupa-chups o Cortefiel. Una vez vistas las medidas, al emprendedor le toca elegir qué camino seguir. Aunque parezca que falta mucho tiempo para el relevo generacional, no está de más sentar unas bases que aseguren la supervivencia del negocio, que tanto está costando levantar.

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