09 jun 2022

10 puntos para explicar la dependencia energética de Europa con Rusia

Europa busca desembarazarse de su dependencia energética rusa, pero el divorcio le saldrá caro, con una economía oteando la estanflación y una hoja de ruta hacia la neutralidad energética sometida a presiones de la industria fósil.

Un decálogo con lecturas geopolíticas, económicas y energéticas explica el laberinto creado por Vladimir Putin con la inserción del gas y del petróleo siberiano como arma diplomática arrojadiza contra Europa.

1.- El atractivo del gas ruso. Eficiente y fácil de transportar iba a ser la llave para el cierre nuclear y del carbón; especialmente, en Alemania. El gigante Gazprom abastece la tercera parte del gas que consume Europa, sin cuyo flujo la economía del club comunitario podría entrar en recesión. El grifo ruso ha regulado la oferta de los yacimientos del Mar del Norte controlados por Reino Unido y Países Bajos. Tras la guerra de Ucrania, la UE quiere cerrar dos terceras partes del grifo ruso para finales de 2022. Idea impulsada por el decreto de Moscú de exigir los pagos en rublos para eludir la sanción occidental sobre el uso de dólares y otras divisas y el parón de suministro de Rusia a Polonia y Hungría.

2.- Juego de vulnerabilidades. Los campos de gas siberianos son las mayores reservas globales. Moscú empezó a exportar a Polonia en los cuarenta y a los satélites del Pacto de Varsovia en los sesenta. Desde la extinción de la URSS se construyeron gaseoductos que atravesaban territorio de Ucrania. Pero la espita del gas con Kiev se interrumpió a mediados de la primera década de este milenio. El Kremlin adujo que Ucrania actuaba de controlador y modificó su mapa de redes de transporte y Moscú volvió a manejar el tránsito energético en Europa. En otoño pasado, el precio se triplicó y los inventarios cayeron en picado en el mercado interior. Putin hizo pivotar sus ventas hacia Asia tras la invasión de Ucrania y, desde entonces, Europa busca suministros de África y Asia Central y acelera su taxonomía verde para desplazar hacia las renovables la alta dependencia energética de Rusia.

3.- Alemania es el eslabón más débil. No el más dependiente, que se localiza en la esfera báltica de la UE. Es el socio con mayor consumo de electricidad. Su estrategia para generar todo su mix energético de fuentes renovables en 2035 choca con que todavía adquiere el 40% de gas ruso, del que desea desengancharse en 2024. El escollo esencial de Berlín es que esta ruptura puede desencadenar una recesión mayúscula en una economía que creció dos décimas entre enero y marzo, que venía de marcar números rojos en el último tramo de 2021 y que acaba de recortar su previsión del 3,6% al 2,2% para este ejercicio, aunque algunos think-tanks del país auguran un repunte de apenas un 1,8% en 2022.      

4.- La diplomacia de Putin se desplaza a Asia. El Kremlin ha dejado el bypass energético europeo a su suerte y ha virado su política exterior energética hacia China, con la que ha sellado un pacto de suministro masivo de gas natural estratégico y por valor de 400.000 millones de dólares. Sólo le bastó activar la carta turca -y sus gaseoductos por el Bósforo- cuando Berlín canceló, incluso sin inaugurar, el Nord Stream 2.

5.- ¿Hasta dónde llega la dependencia energética europea de Rusia? Las compras energéticas procedentes de Rusia rebasaron en 2021 los 108.000 millones de euros, cifra ostensiblemente por debajo de los 173.000 millones que se registraron en 2012, año en el que la diplomacia de la energía de Putin se instaló en todo su esplendor en el club comunitario. Rusia es por la energía el quinto mayor socio del sector exterior europeo y el tercer mayor suministrador de su mercado interior, según datos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE). En el decenio 2011-2021 las ventas rusas han pasado de suponer el 77% del total de la factura energética europea al 62%, si bien la diversificación de destinos por parte del Kremlin ha sido fulgurante. En 2019, exportaba petróleo, de cuya materia prima ostenta las segundas mayores reservas del planeta, a 48 países.  

6.- ¿A cuánto asciende la prima de guerra europea por la energía rusa? Según Josep Borrell, el jefe de la diplomacia europea, en los primeros dos meses y medio desde la invasión, los socios de la Unión han sufragado con 35.000 millones de euros al Kremlin por su suministro de energía y con otros 1.000 millones adicionales a Ucrania, el valor de sus envíos armamentísticos a Kiev. Datos que Borrell recordó en la Eurocámara para acelerar el veto energético a Moscú e impulsar el envío de material de Defensa a Ucrania.

7.- ¿Podría subsistir Europa sin el gas ruso? La disyuntiva parte de si la UE posee la capacidad y la habilidad de garantizarse inyecciones adicionales de gas. Es lo que mantiene a los mercados a la expectativa, midiendo cada palabra de Putin, explica The Economist, quien incide en que no le ocasiona ningún escrúpulo reactivar el volumen del grifo. Desde Oriente Próximo -con Qatar a la cabeza- y el Magreb, con Argelia, que envían ya más del 8% y del 5% respectivamente de los flujos gasísticos, se podría conseguir contratos más suculentos. Pero Asia sigue siendo un rival duro. La firma financiera Alliance Bernstein recuerda que absorbe casi las tres cuartas partes del gas licuado que se vende en el planeta.

8.- ¿Salvará Asia a Putin del posible veto energético occidental? La respuesta no es sencilla, ya que, como dicen no pocos analistas “los gaseoductos rusos estaban diseñados para abastecer Europa; en ningún caso los mercados asiáticos”. Y dos de sus clientes más consumistas, Japón y Corea del Sur, son aliados occidentales. Mientras China está inmersa en un aterrizaje de su PIB que no parece tan suave como aventura Pekín. 

9.- ¿Es Argelia el as en la manga de Europa? El analista de Energía Robert Quinn confía en el factor Argel. Sin embargo, señala varias cortapisas. Entre otras, que la diversificación de fuentes energéticas de las principales economías europeas -hacia Qatar y Emiratos Árabes Unidos (EAU), esencialmente- choca con la táctica del triunvirato franco-alemán-español de connivencia con la resolución autonómica del Sáhara de Marruecos, su rival geoestratégico regional. Si bien los vínculos con Roma y Atenas y las necesidades de negocio de Argel amortiguan esta tendencia. El escollo que desvela Quinn es logístico, de cierres de gaseoductos, como el que atraviesa suelo marroquí en dirección al Estrecho de Gibraltar y en cierto modo también técnico, por las dudas sobre la habilidad argelina de añadir más gas licuado a sus conductos de salida.

10.- La diplomacia energética del Kremlin ha mostrado su eficacia. Forma parte del arsenal de poderes coercitivos con el que Putin ha logrado dividir a Europa en instantes culminantes de la historia reciente. Y con ella llevó el precio del barril de crudo a triples dígitos al inicio del siglo, hasta los 140,7 dólares en julio de 2008 y a dar el salto desde el mínimo de 12,2 dólares de abril de 2020, cuando arreciaba la Gran Pandemia, hasta superar de nuevo los 100 dólares en el tramo final del pasado año; antes de decretar la invasión de Ucrania. El corte de suministro del gas a Alemania y Ucrania en los primeros años del milenio fue clave para confeccionar el mapa de conductos energéticos con Europa y forjar la dependencia de Berlín.

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