29 nov 2023

EEUU y China se acusan de usar la diplomacia como arma geopolítica

El Congreso americano critica el “falso sosiego” de la Diplomacia Panda de Pekín y el gigante asiático el desplante en el tratamiento de Washington de superpotencia global.

Imagen CC BY-SA 2.0 李 季霖 Flickr: https://www.flickr.com/photos/f097653195021/51345488734

 

Diego Herranz - Colaborador de Asesores de Pymes externo a Cesce

 

Las discrepancias volvieron a marcar los registros de alto voltaje que miden la rivalidad entre EEUU y China a pesar de los gestos de amistad, de los cauces de diálogo permanentemente abiertos en este último lustro de tensas relaciones bilaterales y de las conciliadoras declaraciones de intenciones entre Joe Biden y Xi Jinping, tanto en el diálogo directo entre ambos en el Jardín Filoli, cerca de Silicon Valley, donde se rodó la serie Dinastía en la década de los ochenta, su primer encuentro en un año, y que sirvió de preámbulo al inicio de la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), en San Francisco, como en el transcurso de la cita multilateral entre socios asiáticos y americanos de una y otra orilla del océano más grande del planeta.

La realpolitik volvió a rodear de escepticismo cualquier vestigio de reconciliación entre ambas superpotencias. Pese a su existencia, ya que una gran parte de los cauces de entendimiento se mantienen activos. Aunque su capacidad de canalización efectiva de acuerdos se ponga en duda. Esencialmente, porque ni Washington ni Pekín confían en las estrategias diplomáticas de su rival, a las que consideran un instrumento para minusvalorar la influencia del otro en el exterior y un arma arrojadiza para generar desórdenes geopolíticos que les reporten beneficios globales.

Un informe del Congreso americano publicado horas antes de la tez a tez entre ambos dirigentes daba pábulo a la desconfianza que Pekín despierta en la Comisión para la Revisión de la Relación Económica y de Seguridad entre EEUU y China adscrita al entramado institucional que se utiliza por parte de ambas cámaras legislativas. El Gobierno de Jinping -dice su diagnóstico de situación- “parece dedicar su diplomacia, en primer término, como una herramienta para observar y tratar de retrasar durante años iniciativas de la Casa Blanca mientras despliega sus propios esfuerzos a desarrollar sus capacidades económicas, militares y tecnológicas” en el orden mundial.

La revisión radiográfica de 2023 del Congreso estadounidense, pues, no deja muchos resquicios al entendimiento. Pese a que sus conclusiones anuales suelen proveer bastante a menudo algún que otro cambio táctico en las relaciones bilaterales con China. Entre sus 30 recomendaciones, destaca la “cada vez más agresiva” política exterior del gigante asiático; sobre todo, en asuntos tecnológicos y de información. “Es interesante destacar -según enfatizó Carolyn Bartholomew, presidenta de esta comisión- que Jinping lleva años preparando a sus conciudadanos sobre la necesidad de aplicar acciones contra EEUU y creando para ello un clima de alta hostilidad”.  

La tecnología ha dominado el último año los vínculos entre ambas superpotencias desde que la Casa Blanca instaurara una serie de mecanismos de control de exportaciones a semiconductores y chips esenciales para la industria de la innovación digital, que se completó con la prohibición de que las empresas estadounidenses transfieran know-how a sus homólogas chinas, lo que ha alterado de manera substancial los flujos de bienes manufactureros y servicios tecnológicos en el comercio internacional. También en el terreno inversor donde, según la comisión, las firmas multinacionales americanas están repensándose sus posiciones de capital en el gigante asiático.          

Al mismo tiempo que sopesan, junto a la secretaría de Estado y el Tesoro, cómo recomponer las necesidades de abastecimiento por las disrupciones en las cadenas de valor de estas industrias en el mundo y las conexiones accionariales de Pekín con compañías de procesadores de terceros mercados. Porque, en ocasiones, la revisión de las amenazas sobre la seguridad nacional implica “realizar un ejercicio de Matrix” que posibilite la investigación, por parte del Comité de Inversión Extranjera de EEUU (CFIUS, según sus siglas en inglés) de artículos electrónicos made in China

También la Inteligencia Artificial (IA) es otro campo de fricción sobre el que Biden y Jinping se encargaron de tejer la nueva telaraña bilateral, cargada de “franqueza”, a tenor de los mensajes de sus respectivos gabinetes presidenciales. En especial, en su traslación al ámbito militar. Este asunto también llamó la atención de la comisión legislativa que repasa la solidez de los lazos entre Washington y Pekín. “El programa de fusión civil-militar chino ha hecho progresos intensos en IA tanto en su aplicación defensiva como en la comercial”, lo que “sugiere que el Ejército de Liberación Popular usa sistemas de armas con estos avances tecnológicos para contrarrestar, de forma específica, la hegemonía estadounidense y aumentar sus vulnerabilidades”.

Taiwán y las contiendas bélicas en Ucrania y en Gaza, con el complejo reequilibrio de poderes hacia Rusia e Israel se unieron a la competencia tecnológica y a la “falsa Diplomacia Panda” que ha puesto en liza Xinping, en la lista negra de desencuentros diplomáticos.

Sobre la reivindicación territorial de lo que Pekín llama la provincia rebelde de Taiwán, el informe resalta los “intentos” de Pekín de aislar políticamente a la isla y de “imponer” costes económicos con acciones de influencia masiva en el exterior, de desinformación y de desmoralización social” con amenazas de bloqueo comercial y exhibiciones militares y señales de ciberataques.

En un momento en el que la segunda economía global emite signos de profundos desequilibrios que se trasladan también al ámbito académico e innovador.

Por su parte, la delegación china, incidió en la petición de Jinping a Biden de que trate como una superpotencia a su país. En un intercambio de palabras que deja traslucir un halo de esperanza: El presidente americano precisó que “tenemos que asegurarnos de que la competencia [entre los dos países] no se desvía en conflicto”, a lo que su homólogo chino añadió que la competencia entre grandes potencias “no es buena”. Dos consignas que sirvieron para precisar la franqueza de la reunión: “No siempre hemos estado de acuerdo”, espetó Biden, a lo que Jinping contestó: “que dos países como China y EEUU se den la espalda no es una opción”.

Ambos mandatarios acordaron “levantar el teléfono” si algo inquieta a sus países o sus regiones y foros de influencia, concretaron pactos para frenar la producción de fentanilo, una lacra social en EEUU, y en materia de cambio climático y prometieron retomar las comunicaciones entre sus Fuerzas Armadas para evitar conflictos.

 

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