15 feb 2023

Un escenario financiero más exigente sin la ayuda del capital privado

La industria de la inversión se ralentiza por el shock económico y deja a las empresas sin una opción clave para impulsar el negocio. Ello unido al cada vez mayor encarecimiento de los créditos bancarios abre un horizonte muy exigente para todo tipo de empresas. 

Se llama capital privado al dinero invertido en un negocio por una empresa o por una institución. Pues bien, dicho campo en el que se integran los family office, los hedge funds o el venture capital entre otros, cerró el pasado año con una inversión de 8.735 millones de euros en nuestro país. Una cifra que supone un 15% más que en 2021 y que implica pulverizar el récord alcanzado en 2019, previo a la pandemia del Covid, según la patronal SpainCap (antigua Ascri).

Algunas de las operaciones más reseñables fueron realizadas por inversores internacionales, como la entrada de CVC en La Liga de Fútbol, con un desembolso de 1.994 millones. Asimismo, Neolith adquirió Investindustrial por 700 millones; Carlyle se hizo con Altadia al pagar a Lone Star más de 1.900 millones. Otro fondo, Bain Capital en este caso, se dejó 1.700 millones por el fabricante vasco de motores ITP Aero. Asimismo, el fondo francés Ardian se hizo con Aire Networks previo abono de 600 millones a su antiguo propietario, el también fondo Magnum.

A la vista está que el sector del capital privado ha protagonizado operaciones millonarias en el pasado 2022. Pero detrás de los grandes números también existe un sinfín de transacciones que han permitido a muchas compañías españolas de menor tamaño lograr una importante inyección de capital con la que impulsar sus planes de crecimiento. El problema es que dicha ayuda será mucho menor a lo largo del presente ejercicio. Así lo estiman al menos en la propia industria donde ya ven que el parón macroeconómico se está traduciendo en una alta incertidumbre en las valoraciones de las empresas, lo que ralentiza los procesos que puedan estar en curso y tumba algunos que ya estaban previstos. De hecho, este problema unido al encarecimiento de la financiación bancaria a raíz de la subida de tipos de interés en la eurozona es lo que ha dejado en el banquillo de forma temporal grandes operaciones corporativas que estaban previstas. ¿Ejemplos?  Cepsa Química, Madrileña Red de Gas, GTT, Frías, Lyntia, Exolum, Planasa, o Flex han sido aparcados en espera de tiempos mejores, lo que supone que transacciones valoradas en más de 15.000 millones han sido abandonadas por parte de los inversores.

Por si esto no fuera suficiente, en la industria del capital privado se está dando otra circunstancia que en nada ayuda a revertir el frenazo inversor. Es lo que en jerga financiera se conoce como LP y que es el exceso de prudencia de los inversores por las subidas de tipos de interés y la escalada de la inflación. Esto ya ha hecho que la captación de nuevos fondos por parte de las gestoras se haya reducido más de un 35% el pasado año frente a 2021, tocando ya mínimos de la última década. Un dato muy preocupante, ya que estos recursos iban en su gran mayoría a financiar a empresas españolas. 

Todo ello ha hecho que la rotación de cartera del capital privado presente caídas del 35% respecto a 2021, hasta 2.668 millones, lo que también evidencia que los calendarios de salida de estas firmas de sus participadas se alargan, lo que ahonda en la ralentización de la industria. Un frenazo cuya única nota positiva es que persiste el apetito de los grandes fondos internacionales por las firmas nacionales.

Con todo, el tejido empresarial español, especialmente en el caso de pymes y compañías de tamaño mediano, debe ser consciente de que la ralentización que ya en 2022 empezaron a mostrar los fondos de inversión españoles y extranjeros y otros inversores particulares e institucionales persistirá a lo largo del presente ejercicio. Esto se une a un escenario en el que los costes de financiación bancaria se han disparado tras las subidas de tipos del Banco Central Europeo en la eurozona. No en vano, la media que piden las entidades bancarias a la hora de conceder préstamos a las empresas rebasa el 4,5% en el caso de las pymes y roza el 3% en grandes operaciones. Porcentajes ambos que duplican lo que la banca exigía en el año 2021, cuando los tipos de interés en la zona euro aún estaban al 0%.

Todo lo anterior deja patente que 2023 es un año de alta exigencia a la hora de lograr financiación para acometer inversiones de crecimiento. Las empresas deben tenerlo claro y realizar una gestión austera en la que, siempre que se pueda, se busque la generación de caja neta positiva. Y es que una posición sólida de tesorería se antoja la mejor medicina para navegar en este convulso ejercicio fiscal que recién acaba de comenzar.

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