18 mar 2021

Cómo no quemarse en la empresa y utilizarlo, incluso, para ser más productivos

Aprender a disfrutar de cada actividad, por tediosa que resulte, marcarse nuevos retos o dedicarse un tiempo a diario a uno mismo son acciones que contribuyen, a largo plazo, a aumentar la productividad, evitando la monotonía y el aburrimiento laboral.

A cualquier persona le ha ocurrido en algún momento de su vida laboral: la presión, la monotonía, el agotamiento, la falta de descanso o el exceso de carga de tareas pueden llegar a provocar el síndrome del profesional quemado (burnout, en inglés). Básicamente, lo que significa es que nuestro negocio, aquel que creamos con tanta ilusión y a la que tantas horas de nuestro tiempo hemos dedicado, de repente, parece que nos sobrepasa y que ha terminado por saturarnos tanto que pensamos en dejarlo, descansar e iniciar otra cosa. Una amenaza que, aunque no lo parezca a priori, implica una gestión de riesgo más en cualquier negocio.

Es tan habitual este tipo de sentimiento que, incluso, la Organización Mundial de la Salud lo ha reconocido como una enfermedad laboral, caracterizada, principalmente, por una falta de ilusión en aquello que se está haciendo, una sensación de desgaste profundo y la impresión de que nos estamos viendo sobrepasados por las responsabilidades. Sin embargo, de no atajarse rápida y adecuadamente, en el plano personal podría llevarnos a una depresión. También, desde una óptica profesional, en el peor de los casos, afectará al buen funcionamiento y desempeño de la empresa, pudiendo llegar a poner en serio riesgo su sostenibilidad a futuro.

A pesar de todo, este trastorno tiene una ‘cura’ y una prevención más fácil de lo que se puede imaginar y, además, trabajar en ello puede servirnos para conocernos mejor y aumentar nuestra productividad al ayudarnos a aprovechar de modo óptimo el tiempo.

Mentalidad de crecimiento

La clave principal para evitar la desazón y el tedio pasa, sobre todo, por disfrutar cada tarea que se realiza con la ilusión del que conoce algo nuevo por primera vez. Es decir, trabajar activamente para impedir que la rutina se apodere del quehacer diario, aunque sea en tareas tan mecánicas como hacer un inventario u ordenar facturas. Convertir cada reto en una oportunidad de aprendizaje y como mecanismo para probar nuestras capacidades es el primer paso para volver a recuperar las ganas de trabajar. Por ejemplo, una actividad ya conocida puede ser diferente si no comenzamos a hacerla en el mismo lugar de siempre ni, tampoco, a la misma hora.

En esta línea, es muy importante cultivar de un modo proactivo la curiosidad. Al igual que un niño puede sentir fascinación por la forma de una piedra o por el vuelo de una mariposa, nosotros podemos intentar maravillarnos de cualquier tarea laboral que llevamos a cabo. Es decir, hacer un trabajo relacionado con la contabilidad puede parecer tedioso, pero, a lo mejor, si aprovechamos un hueco para conocer cómo surgió esta disciplina en la historia o para buscar en Internet curiosidades sobre ella puede que la veamos con otros ojos.

La importancia del tiempo personal

Aunque estemos inmersos en un proyecto empresarial absorbente, en el que nos estemos jugando nuestro prestigio y los ahorros, siempre hay que guardar, a lo largo de la jornada, un tiempo para nosotros. Leer, hacer deporte, disfrutar de un pasatiempo o, simplemente, charlar con un conocido. Son actividades que contribuirán a que olvidemos, al menos en parte, las responsabilidades para evadir nuestra mente, pero, curiosamente, descubriremos que, de practicarlas, cuando volvamos al trabajo seremos más productivos y tendremos la cabeza más despejada.

En este sentido, actividades de relación mental y de conocimiento personal, como el mindfulness o el yoga, son aliados clave, ya que sirven para despejar por completo el cerebro de todo tipo de pensamientos que no sea el nosotros mismos. Es fundamental que siempre reservemos un periodo de cada día, aunque sea pequeño, a estas acciones, a pesar de que eso implique en alguna ocasión a tener que renunciar a algo en el plano profesional. A largo plazo, lo notaremos, en todos los sentidos, para bien.

Otros aliados externos

Un buen espacio de trabajo, ventilado, abierto y confortable, invita no solo a permanecer en él, sino, también, a concentrarse más y a ser más productivo. Aunque muchas personas no lo crean necesario, contar con una oficina o con un habitáculo para el teletrabajo en casa con el que nos sintamos cómodos, contribuirá, de manera decisiva, a que pensemos y a que trabajemos mejor, y todo ello, en definitiva, redundará en una calidad mayor de los resultados que obtengamos en la esfera laboral.

Finalmente, cabe destacar que, a veces, la tecnología puede ser nuestro mayor enemigo, ya que un exceso de nuestra dependencia hacia ella llega a saturarnos. En casos extremos, hay que recurrir a los clásicos, es decir, apagar el ordenador, dejar a un lado a nuestro teléfono móvil, y utilizar nuestra cabeza como único elemento de trabajo y de imaginación. Quizá con el tiempo surjan buenas ideas que, apuntadas en un papel a través de nuestra propia mano, pueden ayudar a que nuestra empresa tenga un mejor desempeño en el futuro, incluso en plena era de la digitalización.

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