23 dic 2025
Cómo afectará la implantación de la factura electrónica al flujo de caja de las pymes
A pesar de que se ha pospuesto su uso obligatorio, la factura electrónica pronto dejará de ser una novedad tecnológica para convertirse en una obligación legal y un factor determinante en la gestión financiera de las pymes españolas. Impulsada por la Ley 18/2022, conocida como Crea y Crece, esta medida debe ampliarse en fechas y alcance —incluyendo también sistemas adicionales como Verifactu impulsados por la Agencia Tributaria— y promete transformar cómo las pequeñas y medianas empresas gestionan su liquidez, sus relaciones comerciales y su eficacia operativa.
Cuando se habla de factura electrónica, no solo se trata de generar un documento digital sino que implica ajustar procesos, sistemas y hábitos de trabajo, lo que conlleva una serie de impactos que afectan directamente al flujo de caja de una pyme.
Para cumplir con la ley, las pymes deben utilizar software de facturación compatible que cumpla los requisitos técnicos de la normativa que ahora mismo continúa en fase de adaptación y ajustes finales.
Estos costes pueden materializarse en:
- Compra o suscripción a nuevos programas. Muchos sistemas antiguos no serán compatibles con los nuevos estándares de factura electrónica como Facturae o formatos homologados en el reglamento.
- Asesoramiento e integración. Integrar un nuevo sistema o formar a personal implicado en facturación y finanzas genera horas de trabajo adicionales y, en muchos casos, asesorías externas.
- Plazos de adaptación extendidos pero con urgencia operacional. El Gobierno ha ampliado los plazos para adaptar sistemas (p. ej., hasta 2026 para contribuyentes del Impuesto sobre Sociedades y la primera mitad de 2026 para otros obligados), lo que puede dar cierto respiro, pero significa que el gasto en adaptación debe planificarse ya.
Estos costes, si no se planifican con antelación, pueden generar tensiones en la liquidez de la empresa, reduciendo el efectivo disponible para otras inversiones operativas o pago de proveedores.
Posibles retrasos en cobros por errores iniciales
En los primeros meses de adopción de la factura electrónica obligatoria, es habitual que se produzcan errores en el envío, recepción o validación de facturas. Estos errores pueden:
- Retrasar la validación por parte del cliente.
- Generar disputas sobre formatos o contenidos.
- Obligar a emitir rectificaciones.
Todo ello puede dilatar el momento real del cobro, dañando el flujo de caja de la pyme si no se anticipan mecanismos de corrección rápidos y controles internos más estrictos.
Gestión administrativa más exigente
La facturación electrónica requiere un control más riguroso del ciclo de vida del documento, incluida su conservación digital durante años y, en muchos casos, la notificación de estados (aceptada, rechazada, pagada).
Esto obliga a las pymes a reorganizar su departamento administrativo o asumir nuevas tareas que antes se hacían de manera más informal o con menor control digital, como gestionar facturas en papel, impactando en la productividad y, de forma indirecta, en la salud financiera si no se reorganiza el trabajo.
Aunque la factura electrónica puede suponer un esfuerzo de adaptación al principio, sus beneficios reales empiezan a notarse en la eficiencia del flujo de caja y en costes operativos a medio y largo plazo.
Reducción de la morosidad
Uno de los motivos detrás de la inclusión de la factura electrónica en la Ley Crea y Crece es, precisamente, combatir la morosidad comercial que afecta especialmente a las pymes.
La transparencia y trazabilidad que ofrece la factura digital permite:
- Detectar retrasos de pago con mayor rapidez.
- Establecer recordatorios automáticos a clientes.
- Integrar procesos de conciliación contable en tiempo real.
Eficiencia operativa y ahorro de costes
Aunque al principio hay costes de adaptación, la electrónica tiende a reducir los costes recurrentes de facturación:
- Menos tiempo dedicado a imprimir, archivar y enviar facturas físicas.
- Menos errores manuales que requieren rectificaciones.
- Automatización en conciliación y reporte de ingresos.
Estas mejoras reducen gastos operativos y liberan recursos humanos que pueden dedicarse a actividades estratégicas (ventas, análisis financiero, optimización de cobros).
Mejora del acceso a financiación y relaciones bancarias
Los datos estructurados y auditables que generan los sistemas de factura electrónica facilitan el análisis financiero interno y externo. Un historial de facturación digital que muestra:
- Fechas de emisión y aceptación.
- Estados de pago.
- Relación con clientes recurrentes.
Esto hace que una pyme no solo cumpla la ley, sino que pueda explicitar su solvencia y control financiero de forma más clara.
Integración con otros sistemas de gestión
Una vez adoptado un sistema de facturación electrónica, muchas pymes encuentran más fácil integrar este sistema con contabilidad, ERP o herramientas de CRM. Esto reduce la fricción entre departamentos y evita discrepancias contables, lo que a su vez reduce riesgos fiscales y administrativos.
En definitiva, la implantación total de la factura electrónica obligatoria en España es una de las reformas más relevantes en la gestión financiera empresarial de los últimos años. Sí, al principio puede exigir inversión y reorganización que tensionen temporalmente el flujo de caja. Pero, con una planificación adecuada, esa misma digitalización puede convertirse en una palanca para mejorar la eficiencia, reducir la morosidad y dotar a la pyme de herramientas más robustas de control financiero.
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