15 dic 2020

EEUU retorna al multilateralismo y al despegue económico

Los primeros movimientos de Joe Biden desvelan un claro cambio de rumbo de la Administración americana hacia el multilateralismo y el despegue económico.

El Colegio Electoral ha ratificado la elección de Joe Biden como presidente de los EEUU. Y el proceso de transmisión de poderes también ha comenzado, lo que supone un reconocimiento implícito hasta por parte de Donald Trump. La reactivación de la maquinaria de traspaso de cargos en la Administración americana refleja la inmediata realpolitik americana: Joe Biden confecciona ya su gabinete.

Un equipo con el que dirigirá las riendas de EEUU los próximos cuatro años y que destila un profundo aroma a tiempos de Obama, en cuyo equipo Biden fue vicepresidente. El mensaje del futuro inquilino de la Casa Blanca es el de la campaña electoral: propiciar el retorno de EEUU al soft-power, el multilateralismo y el liderazgo global. O, dicho de otro modo, el lento pero inexorable enterramiento del ‘America, first’ que ha dirigido el destino de la mayor potencia mundial en la legislatura que tocará a su fin el 20 de enero.

En el orden económico, la batuta de la recuperación de la estructura productiva norteamericana la llevará Janet Yellen, ex presidenta de la Reserva Federal, que cedió el testigo de la autoridad monetaria a Jerome Powell con la llegada de Trump al Despacho Oval. Será la próxima secretaria del Tesoro.

En sustitución de Steven Mnuchin, el arquitecto de las guerras arancelarias, del duro enfrentamiento con China, la doble rebaja fiscal y de la reforma financiera que dejó de lado las restricciones -requerimientos y exigencias al sector bancario- de la Dodd-Frank Act de Obama de 2010, que delimitó el negocio comercial e inversor de las entidades prestamistas. Yellen fue el azote de Trump en el largo año que coincidió con el líder republicano como máxima autoridad de la Fed. Entonces, advirtió al todavía presidente americano de que la normativa financiera que se construyó para abordar el credit-crunch de 2008 y sanear un sistema cargado de activos de alta toxicidad inversora -esencialmente, productos derivados, estructurados y swaps- consiguió una estructura financiera “más segura, sólida y saludable”.

Y llegó a alertar de que “no quería ni era partidaria de ver el reloj retrasarse de nuevo”, en alusión a la reforma de Mnuchin. Yellen se declaró defensora de los estímulos para sacar a la economía de la recesión de hace algo más de un decenio. Germen del periodo de prosperidad del PIB americano más longevo en la historia reciente. Ciclo de negocios que inició su andadura alcista en junio de 2009, y que concluyó su andadura con la Gran Pandemia, en marzo pasado, tras 129 meses de crecimiento sostenido e ininterrumpido.

A buen seguro que, desde el Tesoro, buscará el consenso en el Congreso para aportar nuevos recursos que saquen a EEUU de la recesión que ha generado la Gran Pandemia. También asumirá un rol menos beligerante y unilateralista -buscando la connivencia de Europa, Japón y sus aliados del bloque anglosajón y asiáticos- en las negociaciones económico-comerciales con China. El talante conciliador de la ex presidenta de la Fed es un valor que reconocen tanto sus defensores como sus detractores.

 

EEUU retorna al multilateralismo y al despegue económico

Un estilo que ya inculcó y que conoce de su etapa en la Reserva Federal. “Cualquier disonancia entre el Tesoro y la Reserva Federal no es precisamente lo que necesita EEUU”, explica Diane Swonk, economista jefe en Grant Thornton, “sino, más bien, un frente de unidad, una acción concertada que vaya en la dirección correcta”. Swonk recuerda que Jerome Powell, su sucesor en la Fed, fue uno de los miembros del comité ejecutivo de la institución monetaria americana durante el periplo presidencial de Yellen.

Y hace escasas fechas, esta economista especializada en el mercado laboral, de 74 años, avanzó, antes de que se desvelase su nominación al frente del Tesoro, que la extensión de la política de tipos de interés bajos de la Reserva Federal será determinante y debe coincidir con una prolongación de los gastos federales para frenar los daños colaterales sobre la economía de la crisis sanitaria.

“Mientras la pandemia afecte con virulencia sobre la economía se necesitarán apoyos fiscales de carácter extraordinario e, incluso, más adelante, si fueran precisos para sostener el despegue de la actividad”, dijo el pasado 19 de octubre. “Podemos abordar más niveles de deuda, ya que el precio del dinero, probablemente, permanecerá barato durante bastantes años todavía”, apuntó.

Yellen está casada con el Nobel de Economía George Akerlof, con quien ha compartido estudios en los que han defendido conceptos como la satisfacción laboral y los salarios justos. Una teoría que intenta conectar con Wall Street y los beneficios de los activos bursátiles y con la que trata de inculcar una mayor sintonía entre las finanzas y el mercado de trabajo.

Pero también un claro intento de que se repita lo que numerosos economistas catalogaron de error tras el tsunami de 2009, cuando el Congreso zanjó súbitamente los planes expansionistas e impuso la austeridad y dejó casi en exclusiva en manos de la Fed el impulso económico a través de controvertidos -para algunos- planes de compra de activos y deuda soberana y corporativa. A imagen de los que puso en marcha el BCE en la zona del euro. En este punto, tiene el respaldo de Biden.

Partidario de mantener el arsenal fiscal hasta superar la Gran Pandemia económica para con posterioridad, ir adelgazándolos de manera paulatina. Una estrategia que dependerá de hacia dónde se incline el último de los escaños del Senado, aún en revisión, presumiblemente hasta enero, en Georgia.

El resto de nombramientos de puestos clave también desvela el cambio doctrinal y estratégico de la Casa Blanca. Al frente de la Secretaría de Estado surge la figura de Antony Blinken, al que acompañará como asesor de Seguridad Nacional, Jake Sullivan, y Linda Thomas-Greenfield, que será la embajadora ante Naciones Unidas. Biden, primer presidente desde George Bush padre con experiencia en Política Exterior, forja una terna de diplomáticos con amplio bagaje idónea para cumplir con su promesa de restauración, que no transformación, de la acción internacional de EEUU.

Y de adaptación, porque el itinerario debe tener muy presente que el status quo global ha cambiado drásticamente desde 2016. Las pautas que seguirá en el nuevo orden mundial no van a significar una etapa conciliadora con Rusia y China. Todo lo contrario. Mientras posiciones oficiales estadounidenses en conflictos -o puntos geopolíticos calientes- como Corea del Norte, la relación entre Israel, los emiratos y Arabia Saudí frente a Irán o Siria, manejados en los últimos años por Mike Pompeo, variarán sus objetivos y las directrices diplomáticas. Al igual que en el combate contra el cambio climático.

El nombramiento de John Kerry como Enviado de Cambio Climático, su acepción terminológica del cargo, será el timonel del viraje estadounidense hacia la economía verde, el ejecutor del Green New Deal -cuyas medidas están aún por dilucidar- y el artífice de la vuelta del país más contaminante del planeta a los Acuerdos de París de 2015.

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