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01 dic 2020

La Gran Pandemia magnifica el ‘decoupling’ de China del resto de BRICS

La crisis del coronavirus está ahondando la brecha económica en los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). El gigante asiático solidifica su liderazgo en el club.

Casi veinte años después de que el acrónimo BRICS irrumpiera en el escenario económico global, la hegemonía de China se ha amplificado de manera más que considerable, explica un informe de S&P Global Intelligence. La liga de los poderosos mercados emergentes, pues, tiene un líder destacado. Indiscutible. Que, además, abre la brecha con el resto de socios de este club como consecuencia de la Gran Pandemia. La Covid-19, de momento, deja al gigante asiático como único PIB en crecimiento en 2020. Un despegue que acentúa aún más su ventaja de peso respecto al resto de contendientes de la órbita emergente. El estudio de S&P registra un repunte de la economía china del 979,9% desde 2001, comparada con el alza del 480,8% de la actividad en India o el 188,9% de la sudafricana. Todos ellos con prolongados y excepcionales ciclos de dinamismo. Según el FMI, la economía china aumentará su tamaño en un 1,9% este ejercicio, después de certificar una contracción del 6,8% en el primer trimestre, periodo de una virulencia más intensa de la crisis del coronavirus en el país más poblado del planeta. Frente a la recesión que marcarán los PIB de India (del 10,3%), Sudáfrica (8%), Brasil (5,8%) y Rusia (4,2%). “La pandemia reforzará la tendencia al distanciamiento de China respecto al resto de los integrantes del BRICS”, explica Joydeep Mukherji, director gerente de S&P Global Ratings.

Los BRIC son un símbolo de la globalización. Las siglas aparecieron por primera vez en una nota a inversores de Jim O’Neill, entonces jefe de investigación de mercados globales de Goldman Sachs, y ahora miembro de la Cámara de los Lores británica, y extendió su última letra, la S, de la mayor economía africana, en 2010, a pesar de las reservas del propio O’Neill. Las cinco naciones pasaron a representar vastos territorios todavía relativamente infra-desarrollados en el orden económico, pero que contabilizaban el 45% de la población mundial, con unas tasas potenciales de crecimiento por encima de la de las potencias industrializadas. Es decir, con visos de poder llegar a disputar, por tamaño de sus PIB, la hegemonía de las naciones de rentas altas si lograban corregir sus enormes desigualdades y se adentraban en la estandarización y las normas que rigen la economía y los mercados internacionales. Pero los BRICS, además, y sobre todo en la década recién concluida, se asociaron con fines geoestratégicos. Con el objetivo de romper el liderazgo del eje EEUU-Europa. Porque su peso económico ha ido en aumento. China, India y Brasil se han situado en el top-ten de los mayores PIB del planeta. Y, aunque, Rusia y Sudáfrica navegan con menor tamaño que el de otras latitudes emergentes como Indonesia, México o Turquía, todas ellas ajenos al club, sus dos décadas de existencia han proporcionado correcciones de calado en el terreno económico. Su PIB colectivo ha crecido en términos globales, calculado con el parámetro de capacidad de compra o PPP del 18,8% de 2001 hasta el 30,5% en 2019.

China

Su PIB ha pasado de representar el 7,7% en 2001 al 17,4% de la economía global en 2019, como asegura el FMI. De forma combinada con India el sorpasso ha registrado un salto del 11,9% al 24,5% en el mismo periodo. En el caso chino, el comportamiento de su actividad ha superado las predicciones de Goldman Sachs, que otorgaba al gigante asiático crecimientos promedios del 8% anuales entre 2000-2005, del 7,2% entre 2005-2010, del 5,9% entre 2010-2015 y del 5% en el lustro final de la década. Sus alzas por cada uno de los cinco años de los dos últimos decenios han sido del 9,5%, el 11,3%, el 8,3% y el 6,7%. La Gran Pandemia la ha situado en la pole position. Frederic Neumann, investigador para Asia de HSBC, afirma que China “sostiene la economía del planeta”, en términos de PIB tras registrar una expansión en el tercer trimestre del 4,9%, a lo que se une la mejoría más notable entre los BRICS en calificación de rating crediticio, que le deja una nota de A+, cuatro calificaciones por encima del BBB de 2001. El FMI concede a Pekín una previsión de crecimiento del 8% en 2021. Aun así, S&P llegó a situar a la economía china en el nivel AA- en 2010, aunque la rebajó en 2017, debido a “las políticas monetarias y fiscales de índole expansionista que espolearon inversiones en gobiernos locales y empezaron a generar una serie de desequilibrios en el sector financiero, con contagio en la deuda soberana”. Es su Talón de Aquiles. Una cota de endeudamiento público que parece gestionable comparado con países industrializados, del 52,6% del PIB, pero que se espera suba hasta el 61,7% por efecto de la crisis de la Covid y que está lejos del 24,6% de 2001. Un panorama que se conjuga con la losa de deuda de sus empresas no financieras, que se ha catapultado hasta el 159,1% del PIB al término de los tres primeros meses de este año. Un nivel alejado del 93,9% que alcanzó tras el credit crunch de 2008 y del 78,3% en el que evoluciona el sector privado americano.

Aun así, Mukherji considera que China será el BRICS que mejores registros seguirá emitiendo: “Es claramente uno de los extremos, el del dinamismo, mientras que, en el otro lado, el de la anemia, es una clara incógnita a resolver: se admiten apuestas”, dice.

India

Asolada también por la deuda y por una pandemia que la sitúa como la segunda nación en contagios y fallecimientos. Su PIB ofreció señales de debilidad entre enero y marzo, con una modesta tasa de crecimiento del 3,1%. La hibernación de la economía por el confinamiento de la pasada primavera hundió el siguiente dato trimestral hasta un 23,9%. Su primera contracción desde 1997, con desplomes de sectores, como el de la construcción, del 50,3%.

El Gobierno de Nueva Delhi ha restringido sus estímulos presupuestarios hasta una cantidad que apenas supone un 1,2% de su PIB, lejos del promedio del 3% de los mercados emergentes, para dejar la mayor parte del coste de la pandemia en manos de la política monetaria, que ha dotado al mercado indio de provisiones de liquidez y ratios de reserva de dinero en efectivo. Su primer ministro Narendra Modi maneja una deuda al alza, motivada por las exenciones fiscales y la baja actividad económica que se ha instalado en la democracia más poblada del planeta, cuya ratio ha saltado desde el 72,3% del PIB en 2019 hasta el 89,3% que, según las predicciones, acarreará al final de este ejercicio. Un dato preocupante para S&P por las presiones sobre el vencimiento inmediato de la deuda soberana. “La amenaza de una crisis de deuda en el país es baja, pero el Gobierno de Modi debe intensificar las acciones para hacer que sus pagos sean sostenibles y proteger el grado de inversor que aún mantiene”, dice Jennifer McKeown, de Capital Economics. Goldman Sachs le augura alzas similares a las registradas en 2010, del 10,3%, si intensifica una agenda reformista de máximos, capaz de incorporar a más población a su clase media. Eso pese a que la trayectoria de su PIB se desinfló desde 2016, en el que creció un 8,3%, hasta certificar un 4,2% en 2019.

Brasil

Asolado por la crisis de la pandemia -el tercer país con más casos de Covid-19 del mundo- y con un historial reciente de crecimiento decepcionante, el presidente Jair Bolsonaro decidió trastocar sus planes iniciales contra el coronavirus inyectando una poderosa palanca de estímulo fiscal equivalente al 8,3% del PIB bajo un duro confinamiento social. Aunque el FMI ha sometido a la mayor economía latinoamericana a una de sus más drásticas revisiones a la baja. De augurar una recesión anual del 5,8% a otra del 9,1%.

La combinación del programa de ayudas y de políticas de confinamiento descentralizadas le va a reportar a Brasil, en cualquier caso, la salida más intensa de la Gran Pandemia en la región, explica Felipe Camargo, economista para la región en Oxford Economics. “Pero persiste un cierto escepticismo sobre si el PIB brasileño podrá mantener una velocidad de crucero idónea en el próximo ciclo de negocios sin las ayudas federales”, aclara. Con el endeudamiento más alto de los BRICS, que ha saltado del 89,5% del PIB en 2019 al 101,4% con el que concluirá este ejercicio. Una losa que se ha acumulado a lo largo de la década pasada por el anémico crecimiento económico. Del 2,2% anual entre 2010 y 2015, por debajo del 4,1% de las expectativas del mercado. Con recesión del 3,5% en 2015 y del 3,3% en 2016 que dejaron un leve repunte del PIB -del 0,5%- entre 2015 y 2020.

Este panorama ha obligado a S&P a rebajar su nota hasta el nivel BB- con perspectivas negativas a la espera de conocer si Bolsonaro podrá cumplir con sus promesas electorales de reforma del sistema impositivo, modernización de la administración, cambios en el banco central y procesos de privatizaciones. “Brasil presenta una historia de crecimiento terrible, con caídas drásticas de la actividad antes de la crisis sanitaria que elevó la presión sobre su servicio de deuda y que obliga a impulsar una ambiciosa agenda reformista”, asegura Mukherji.

Rusia

También presenta un cuadro de mando decepcionante. Después de certificar un alza del 6,8% anual entre 2000 y 2005, perdió fuelle en los cinco ejercicios posteriores, a razón de siete décimas anuales y se dejó otros 1,6 puntos cada año entre 2010-2015 para avanzar tan sólo un 0,7% al año en los últimos cinco ejercicios. Su estructura productiva depende en exceso de los precios energéticos, excesivamente volátiles. Además de la repercusión de las sanciones que la UE le impuso por la ocupación de Crimea en 2014. Restricciones que se acentuaron en 2017 por la injerencia rusa en las elecciones presidenciales estadounidenses en 2016. Las primeras multas -dirigidas esencialmente a reducir el comercio y las inversiones europeas en Rusia- resultaron determinantes en la contracción del PIB, del 2%, en 2015 y restaron dinamismo en los ejercicios posteriores. En 2019, su economía apenas creció un 1,3%. La epidemia de la Covid también se ha cebado con el país, el cuarto en número de casos. A lo que el Gobierno de Moscú reaccionó con una modesta aportación fiscal, del 2,5% del PIB, el 64% de cuyos fondos fueron ayudas directas a su sistema sanitario, lo que dejó unas contribuciones “demasiado modestas” de respaldo a sectores industriales esenciales, afirma Dmitry Dolgin, economista jefe de ING.

A todo ello hay que añadir la disminución de la demanda de energía por la recesión global que ha traído consigo una merma de ingresos y el recorte productivo de los socios de la OPEP+ y un deterioro de sus obligaciones de deuda. Aunque en tasas bajas, ha pasado del 13,9% del PIB en 2019 al 18,9% con el que cerrará este año.

Sudáfrica

Único miembro del club que presenta en la actualidad (BB-) un rating más bajo que en 2001, cuando ostentaba tres rangos más altos BBB-. El mayor mercado africano ya presentaba serios problemas de dinamismo pese a la larga década pasada de fuertes inyecciones fiscales para espolear el crecimiento. Su deuda se ha disparado. Desde el 30,1% del PIB en 2010 hasta el 62,2% en 2019 con una tasa de desempleo del 30%. Entre 2000 y 2005 excedió las previsiones del mercado en medio punto, hasta el 3,9%. Pero, desde entonces, ha sucumbido en una trampa de crecimiento. Con alzas inferiores a su potencial -establecido en torno al 4,5% y el 5%- y con unos registros en los tres lustros siguientes del 3,5%, del 2,3% y del 1%.

Estabilizar la trayectoria de la deuda y el déficit es la primera doble preocupación del Gobierno de Pretoria. El agujero presupuestario, por efecto de la epidemia, saltará hasta el 15,7% en 2020. El presidente Ramaphosa impulsó un plan fiscal equivalente al 10% del PIB en abril que ha dejado la tasa de endeudamiento del país en el 141% del PIB.

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